Cuando uno llega a Deep Cove parece que se está entrando a un set de Hollywood… y es que, tras la última curva de la carretera que lleva a esta villa situada en North Vancouver, lo que vemos al frente es el downtown… es decir… una calle comercial de no más de dos cuadras de largo y, al fondo, el mar.
Mientras dejamos atrás el centro de artes, unos pocos comercios, cafés, restaurantes y heladerías, nos acercamos a la ensenada y disfrutamos de la hermosa vista: aguas tranquilas que reflejan el verde de la vegetación y el azul del cielo, múltiples casas de madera y una pequeña marina, junto a la cual está el alquiler de kayaks.
La tranquilas aguas de Indian Arm, ese brazo del mar que se alarga como una serpiente hasta unos cuantos kilómetros al norte de Vancouver, son el escenario perfecto para la práctica de deportes acuáticos como el canotaje o el velerismo. Desde el comienzo de la primavera ya comienza a escucharse el chapoteo de los remos contra el agua y un enjambre multicolor de kayaks se dispersa por las costas cercanas.
El alquiler de kayaks no es barato, pero la experiencia hace que la “inversión” valga la pena. Nosotros alquilamos la embarcación por dos horas. Luego del pertinente pago, de firmar un documento en el que aceptamos navegar bajo nuestra responsabilidad y de un rápido entrenamiento, agarramos nuestros macundales y a remar se ha dicho.
Decidimos salir de la ensenada y tomar hacia el norte. Las montañas caen perpendiculares y se adentran en las oscuras aguas. No parece haber espacio para más pinos en los alrededores y cabañas de ensueño coquetean con el agua, con playitas y muelles privados a lo largo del paseo. Mientras se comienza a sentir dolor en los músculos pasamos frente a una cascada y nos topamos con algunos veleros produciendo a su paso las olas más grandes que vimos ese día. Calma chicha, dirían los marinos de aquellas viejas novelas de piratería. Si se tiene suerte, pueden verse otters o nutrias, en sus diarias rutinas de pesca o jugueteando en la superficie.
Para músculos no acostumbrados a estos menesteres, el regreso se hace pesado, pero llevadero… si se tomó la previsión de dar marcha atrás al llegar a la mitad del tiempo estipulado. En fin, gran experiencia, buen ejercicio y hermosos paisajes. Un remanso de paz a menos de veinte minutos de Vancouver.













El recorrido parece ser muy bonito, además de turístico. Me gusta la foto de “casa a la orilla del mar”. Los kayaks me traen bonitos recuerdos, pues, tengo amigos que practican este deporte.
Saludos.
Now and Then
Si Mary. La verdad es que la pequeña comunidad es muy bonita, y pareciera estar en medio de la nada, cuando en realidad está cerquita de la ciudad.