No son todavía las siete de la mañana cuando el inmenso hotel flotante desplaza sus 90.000 toneladas frente al centro de Vancouver y se cruza con el seabus, que a su lado parece una caja de fósforos, para atracar junto al terminal de cruceros de Canada Place.
En las siguientes horas, cientos de pasajeros desembarcan y parte de la tripulación disfruta su día libre en la ciudad. A bordo, continúan frenéticamente los preparativos para el siguiente viaje, que comenzará esa misma tarde.
Toneladas de alimentos e insumos de todo tipo son embarcadas mientras los nuevos pasajeros van llegando a las instalaciones de Canada Place. Allí, un salón con no menos de 500 asientos hace las veces de sala de espera para presentarse ante las taquillas habilitadas para el servicio de aduanas de los Estados Unidos. Tras la larga cola, los respectivos sellos y una foto digital; la plataforma de entrada nos invita a abordar la nave que nos acogerá durante la siguiente semana.
Una hora después, una larga y espumosa estela nos separa cada vez más de las blancas velas de Canada Place. Al cruzar bajo el Lions Gate Bridge, frente al Stanley Park, el océano se abre frente a nosotros para guiarnos hasta las lejanas costas de Alaska.










Gracias por este primer contacto, porfi… cuelga algo mas!!!
Que viaje!
[...] la entrada anterior les comentaba acerca del proceso de embarque. ¿Qué les parece si ahora les presento al [...]