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Archive for the ‘fauna’ Category

orca mural

A la hora prevista, el pequeño grupo salió a la luz del sol y se dirigió al puerto de embarque. Los pesados trajes rojos nos hacían lucir como astronautas dirigiéndonos a un potente cohete, pero no éramos más que un grupo de entusiastas turistas preparados para observar orcas en su hábitat. 

 

Esta aventura era una “asignatura pendiente” desde que visité Vancouver por primera vez y el brillante día de octubre lucía perfecto para tener un encuentro cercano con estos gigantes blanquinegros.

 

Tras abordar el bote inflable, el capitán y guía encendió los motores y plácidamente atravesamos la Bahía de Victoria, la capital de Columbia Británica. Entre cruceros, veleros e hidroaviones nos fuimos acercando a mar abierto. Entonces, al pasar una señalización y, como si un demonio se hubiera apoderado del bote, arrancamos a toda velocidad.

 

La embarcación empezó a volar entre cresta y cresta del agitado mar; a veces en línea recta, a veces con curvas tan cerradas que nos sentíamos como en una montaña rusa. Entre los splash-splash del agua estrellándose contra mi cara y los paff-paff de nuestros cuerpos rebotando en los asientos podía escuchar como, a través de la radio, el capitán recibía información acerca de la ubicación de las orcas.

Orca3

Finalmente, la lancha se detuvo en un área cercana a la costa. Una nubecita de vapor, a lo lejos, fue la primera señal. Una espigada aleta dorsal emergió del océano como para avisarnos que el viaje había valido la pena. Allí estaba, la primera orca que veía en su estado salvaje. El hermoso cetáceo pasó frente a nosotros sin prestarnos mucha atención.

 

Dos por aquí, tres por allá, una solitaria por este lado… Cerca de una hora estuvimos admirando el majestuoso paso de estas impresionantes criaturas, monarcas de los mares. Definitivamente, otra muestra de la maravillosa naturaleza que tenemos la responsabilidad de preservar. 

Orca1

 

The small group went out to the sun light. The heavy red suits made us look like astronauts going to a rocket, but we were just a few tourists ready to meet orcas in their  environment. This adventure had been a “to do” since the first time I visited Vancouver and this bright October day looked perfect to have a close encounter with these black and white giants.

 

After boarding the inflatable boat, the captain and guide turned on the engines and we started moving slowly through the bay where Victoria, British Columbia´s capital is located. Sailing between cruise ships, ferries and hydroplanes, we got closer to the open sea. Suddenly, after leaving behind a signal and, as if a demon had taken the control of the boat, we started moving very very fast.

 

The boat was jumping over the waves. Some sudden changes of direction made us feel like riding a roller coaster. Between the splash-splash of the water hitting my face and the paff-paff of our bodies bouncing on the seats I could hear how, by radio, the captain was receiving information about the orcas´ whereabouts.

 

Finally, the boat stopped near the coast. A small steam column was the first signal. A slender dorsal fin surfaced to let us know that the trip was worth. It was the first orca I ever saw in its habitat. The beautiful cetacean passed in front of our boat. Two here, three over there, a lonely one this way… We spent near one hour observing those majestic creatures. Definitely, another sample of the wonderful nature that we have the responsibility to preserve.

 

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La tarea de este mes en el grupo de fotografía en Flickr “La Vuelta al Mundo” consistía en una especie de rally. De una lista de 15 elementos se debían fotografiar al menos 12. La idea era la de encontrar los tesoros ocultos de la ciudad, pues ya sea que vivamos en Caracas, Barcelona, Maputo o Vancouver, siempre habrán rincones por descubrir e historias que contar. Sin más que agregar, los tesoros ocultos de Vancouver.

 

Treasures in Vancouver


Vivancouver participates in the Flickr photography group La Vuelta al Mundo (Around the World). This month our job was to find at least 15 elements from a list of 15. These “treasures” should be in the same city. The idea was to demonstrate that one can live in Caracas, Barcelona, Maputo or Vancouver, and there will be always places to be discovered or stories to be told. Next, the treasures found in Vancouver.

 

Bicicletas en Jericho Beach / Bicycles in Jericho Beach

Bicicletas en Jericho Beach / Bicycles in Jericho Beach


Menú / Menu (Waterfront Station)

Menú / Menu (Waterfront Station)


Una embarcación / A ship

Una embarcación / A ship


Escaleras en Lonsdale Quay / Stairs in Lonsdale Quay

Escaleras en Lonsdale Quay / Stairs in Lonsdale Quay


Estanque en el Barrio Chino / Pond in Chinatown

Estanque en el Barrio Chino / Pond in Chinatown


Farol en el Barrio Chino / Lamp in Chinatown

Farol en el Barrio Chino / Lamp in Chinatown


Kiosko en Waterfront Station / Newsstand in Waterfront Station

Kiosko en Waterfront Station / Newsstand in Waterfront Station


Cafés en la Biblioteca Pública / Coffee shops in the Public Library

Cafés en la Biblioteca Pública / Coffee shops in the Public Library


Mapaches en la Laguna Perdida / Raccoons in the Lost Lagoon

Mapaches en la Laguna Perdida / Raccoons in the Lost Lagoon


Mosaico en el suelo de Lonsdale Quay / Mosaic in Lonsdale Quay´s floor

Mosaico en el suelo de Lonsdale Quay / Mosaic in Lonsdale Quay´s floor


Abrazo en la estación / Big hug in the station

Abrazo en la estación / Big hug in the station


Yoga en rojo / Red yoga (Coal Harbour)

Yoga en rojo / Red yoga (Coal Harbour)

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¿Quién dijo que para estar en contacto con la fauna silvestre hay que ir a las Montañas Rocosas, la Selva Amazónica o la Sabana Africana? Como dice el dicho, donde menos se espera salta la liebre, o cualquier otro animalejo raro, según y donde uno se encuentre. A continuación les comentaré acerca de dos encuentros cercanos del tercer tipo con criaturas de cuatro patas que sucedieron con tan solo unos días de diferencia.

 GansosCollage

La pandilla enmascarada

 

El primer caso ocurrió en la Laguna Perdida, en Stanley Park. Estábamos tranquilamente disfrutando del espectáculo alado de patos, grullas, gansos y hasta cisnes que habitan la laguna cuando se nos ocurrió sacar del morral una bolsa de papitas fritas. Tan sólo el sonido de la bolsa al abrirla parece haber actuado como la campanita en el cerebro del famoso perro de Pavlov. Las aves, especialmente los gansos, dejaron de ser apacibles para convertirse en ávidos comensales clamando por el exquisito manjar que, supongo, representa para ellos cada hojuela de papa frita. Los ¡¡¡ CUAC !!! eran cada vez más cercanos y el volúmen mayor. Cuando el ganso mayor procedía a acercarse a nosotros para secundar a los que ya casi nos rodeaban decidimos poner pies en polvorosa antes de ser atacados por aves enfurecidas, como en la famosa película de Alfred Hitchcock.

 

Decidimos tomar un sendero para continuar con nuestro paseo cuando de repente una papita cayó al suelo. Inmediatamente, y sin darnos tiempo de reaccionar, un peludo y rechoncho enmascarado apareció en escena y tomó el pedazo de chuchería con sus finas manitas. se trataba de un mapache que ni corto ni perezoso volvió a esconderse entre los matorrales. Yo no pensaba perder la oportunidad de tomarle una foto, así que tomé otra papita y empecé a llamarlo…. Pppsss, pppsss, mapachitoooo, toma otra papitaaaa…. Y entonces, como en una operación comando, desde diversos arbustos, nos salieron al paso hasta seis mapaches juntos, clamando por su papa.

 

Se veían de lo más cuchi hasta que uno de ellos como que se adelantó y el de al lado comenzó a mostrarle los dientes y a hacer un intimidante sonido. Nuevamente decidimos que si no queríamos tener a toda aquella pandilla brincando sobre nosotros por las papitas, lo mejor era tomarles unas fotitos y decirles chauuuu.

 

De esta experiencia aprendimos que, para salir ilesos de un paseo por el bosque, hay que dejar las papitas fritas en casa…. y si en algo he exagerado… que me caiga un libro de la biblioteca en la cabeza….. ¡¡¡Ouch!!!!

 MapachesCollage

La mala suerte del gato negro

 

El segundo caso a contarles hoy ocurrió en el Queen Elizabeth Park. Estábamos paseando por unos senderos y en un momento dado me quedé solo. De repente, a unos cuantos pasos de mí, una sombra gris emergió de entre los arbustos. Con su gran cola erguida y una presa en sus fauces el gran coyote pasó junto a mí como una exhalación. Después del shock inicial me apuré en buscar la camarita que parecía haberse escondido en su estuche. Mientras el cazador posaba su presa (un gran gato negro) en el suelo me miró a los ojos como diciéndome “no me sigas”, tomó nuevamente con sus afilados colmillos al infortunado e inerme felino y tranquilamente se perdió entre los arbustos, rumbo al bosquecillo cercano. 

 

Me acerqué a donde los ví por última vez, pero por más que intenté, no volví a verlos. ¿Quién sabe? quizás el coyote me observaba sigiloso desde su madriguera. Una vez más, mejor dejar todo como está y dejar tranquila a la sabia naturaleza y su eterna lucha por la supervivencia.

 CoyoteCollage

Parece mentira que estas dos historias hayan sucedido en lugares tan céntricos… pero… ¿hay algo imposible de esperar en una ciudad en donde he sido cacheteado por un cuervo, un oso se metió al patio de unos amigos o una foca jaló a una niña de cinco años al mar, afortunadamente sin consecuencias? Todo es posible en esta ciudad, rodeada por la naturaleza indómita.

 

 

Wild Weekend

 

Who said that to be in contact with wild animals you need to be in the Rocky Mountains, the Amazon rainforest or the African savanna? In the next lines I will tell you about the last encounters I have had lately with some feathered and furry guys.

 

The Masked Gang

 

The other day, we were in the Lost Lagoon, in Stanley Park, enjoying the beautiful spectacle of ducks, cranes, geese and even swans who live there. Everything was OK until we opened a chips bag. It looks like the sound of the bag acted on them as the bell in the famous Pavlov´s dog. The birds stopped being peaceful and nice animals and started to honk and quack louder and louder. He wanted us to share our chips with them, so we decided to continue walking before being attacked by angry birds, like in the Alfred Hitchcock´s famous movie.

 

We continued walking through the trail when a fell to the path. Immediately, a small and furry masked guy broke into the scene and took the small piece of chip with his little hands. It was a raccoon and, quickly, he got back to the bushes. But I was decided to take him a photograph and started making sounds with the bag and calling him… psss, pss, ey little friend… come back…. And then, like a commando  unit, six little raccoons came to us asking for our chips.

 

The looked cute until one of them started making a not so nice sound and showing his teeth to the others. We knew we are not supposed to give them any food and we decided to keep on walking far from them, before they started jumping over us looking for a salty booty. So, click click and bye bye.

 

That day, we learned that, to survive in the wilderness is better to leave the potato chips at home… and if I have been exaggerated, may a book from the shelves fall over my head… ¡¡¡Ouch!!!!

 

The bad luck of the black cat

 

The second case happened in the Queen Elizabeth Park. I was walking through another trail when, suddenly, very close to me, a gray shadow emerged from the bushes. With a prey between his jaws the big coyote passed just in front of me. After the initial shock, I could find my little camera in its case. The hunter placed  a poor black cat on the earth and stared to me like saying “do not follow me.” Then, he took again the dead feline and disappeared in the small forest.

 

I tried to find them again, but it was impossible. Maybe the coyote was looking at me from a burrow, so again I decided to leave Mother Nature alone.

 

It is curious how this stories can happen in the middle of Vancouver, but it is not impossible here, where I have been slapped by a crow, a black bear entered into a friend´s backyard and a seal pulled a five years old girl into the sea. Everything is possible in a city like this, sorrounded by Nature.

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La joven ballena que tranquilamente nadaba en algún lugar entre Alaska y Canadá no se imaginaba lo que el destino le tenía preparado. Al parecer murió atropellada por un crucero que navegaba hacia el sur. Lo extraño del caso es que la tripulación no se enteró del accidente, ni del cuerpo del cetáceo que llevaban incrustado en la proa, sino hasta que estaban aproximándose al puerto de Vancouver. Equipos especializados se encargaron de remover el cuerpo de 70 toneladas y llevarlo hasta las instalaciones donde le harían la necropsia de ley (y esto no es chiste), aunque la causa de la muerte parece ser obvia.

Finalizada la necropsia, el cuerpo será devuelto al océano, al oeste de Vancouver Island, donde descenderá hasta el fondo y pasará a formar parte del ecosistema del lugar.

The strange case of the whale knocked down by the cruise ship

The young whale was swimming somewhere between Alaska and Canada without any idea of what was going to happen. It looks like a cruise ship sailing to south knocked the cetacean down. Nobody in the ship noticed the accident or the big body that they were dragging in the bow until they were very close to the Vancouver port.

Specialized teams removed the 70 tons body and took it to the facilities where the required necropsy would be done. Later, the big dead whale would be taken to the west coast of Vancouver Island and let it go down, to the bottom of the sea, where it will become part of the ecosystem.

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GuacamayasQEP

Si hay algo que alegra la vista en la muy tropical Caracas es el paso de bulliciosas bandadas de guacamayas y loros que,  provenientes del Parque del Este, Los Próceres o las laderas de El Ávila, pintan el cielo con su colorido plumaje.

 

Aunque por estos lados no encontramos libremente aves tan llamativas, hay un lugar en Vancouver en el que podemos disfrutar del contacto directo con guacamayas, cacatúas, pericos y otras aves tropicales. Se trata del Invernadero Bloedel, en el Queen Elizabeth Park.

 

Bajo la impresionante cúpula de plexiglass, una pequeña selva tropical florece sin importar que, afuera, la temperatura pueda estar bajo cero. En este microclima, más de 500 especies de plantas tropicales y subtropicales se entrelazan como una exuberante celosía, filtrando la luz del sol y prestando sus ramas para que un centenar de aves exóticas se sientan “como en casa.”

 

Mientras un grupo de peces naranja se pierden bajo el pequeño puente de bambú y una cacatúa de penacho salmón se acicala, pienso en la importancia de lugares como éste para percatarnos de la maravillosa biodiversidad que nuestra esfera azul nos regala y que, ojalá, sepamos preservar para las futuras generaciones.

 

Bloedel Conservatory

Bloedel Conservatory

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Oso negro en las calles de North Vancouver. (foto: jj17photoman)Oso negro en las calles de North Vancouver. (foto: jj17photoman)

 

Durante la primavera no sólo la flora sale de su letargo invernal. Ciertos animales concluyen su período de hibernación y vuelven a ver la luz del sol: me refiero a los osos

 

Este majestuoso animal ha habitado las montañas y praderas del oeste canadiense por miles de años. Tanto Grizzlies como osos negros son íconos de esta región y ocupan el más alto escalafón de la cadena alimenticia. Su andar por valles y montañas, ríos y cañadas, es la más viva imagen de la fuerza indómita de la libertad.

 

Sin embargo, no todos los osos tienen la suerte de nacer en espacios protegidos o en remotos parajes, lejos de la presencia humana. 

 

Osos negros vs. el hombre

 

El oso negro (Ursus americanus), particularmente común en las montañas de North y West Vancouver, puede medir dos metros y su peso llegar a los 215 kilogramos. Es un animal que necesita de un amplio territorio para movilizarse en busca de sus alimentos. Su dieta se compone, básicamente, de frutillas, tubérculos, hierbas y flores; aunque también se alimenta de miel y otros animales pequeños, como peces, insectos y ardillas. También puede comer carroña.

Foto: kaisa_noges

Foto: kaisa_noges

 

La situación de Vancouver, rodeada de parajes naturales, tiene innumerables ventajas. Lamentablente, tener un bosque a la vuelta de la esquina también puede generar dolores de cabeza y situaciones lamentables. Tal es el caso de los osos negros que viven en la Orilla Norte de Vancouver (North Shore), quienes despiertan en primavera y necesitan salir a buscar los alimentos para recuperar las calorías consumidas mientras hibernaban. Muchos de ellos, en lugar de adentrarse más en la espesura de los bosques toman el camino equivocado y penetran en zonas urbanizadas.

 

Muchos osos, en busca de alimentos, entran en jardines y hasta en las casas, sellando así su destino. Las autoridades consideran que un oso, una vez ha descubierto el potencial alimenticio de una mesa servida, una alacena o un contenedor de basura, está cebado y buscará penetrar una y otra vez a las casas que consiga en su camino, poniendo en peligro la vida de sus habitantes. Es por ello que tienen órdenes de eliminar a los pobre osos “transgresores de la propiedad privada”.

 

¡Más de 700 osos son liquidados anualmente en la Columbia Británica por penetrar a zonas residenciales!

 

Tomando conciencia

 

Las ciudades crecen, tomando por asalto el hábitat que históricamente le ha pertenecido a los osos. En esta confrontación por el territorio son nuestros peludos vecinos los que quedan en desventaja. ¿Qué se puede hacer para salvaguardar las vidas, tanto de osos como de humanos?

 

El North Shore Black Bear Network y otras organizaciones donde participan la provincia, municipalidades y gran cantidad de voluntarios, realizan esfuerzos por educar a los habitantes de “zonas de osos” para que manejen su propiedad de una manera inteligente. Los osos son atraidos por el olor de la comida, así que el el evitar que la basura, comida, compost y cualquier otra materia orgánica esté expuesta al aire libre es una sencilla medida que puede evitar un peligroso encuentro y salvar la vida de un oso.

 

En Whistler y otras localidades de Norteamérica se ha venido intentando con métodos no letales, que buscan enseñarle a los osos que deben temerle a los humanos y que cualquier encuentro con éstos puede resultar en una experiencia dolorosa.

 

En cualquier caso, el traslado de animales a espacios abiertos, alejados de la ciudad, luce como el más “humano” de los métodos para “acabar” con un oso problemático. Lamentablemente, lo costoso del proceso hace que las municipalidades, en muchos casos, opten por la solución más barata. Después de todo… ¿cuánto cuesta una bala?

 

Muy pronto entrará en funcionamiento en North Vancouver un centro de “rehabilitación” para oseznos cuyas madres fueron “eliminadas” por incursionar en zonas urbanas. Las instalaciones cuentan con un área de 32 hectáreas y en las mismas se cuidará de los cachorros y se les enseñará a vivir en estado natural, para luego soltarlos en zonas remotas donde puedan vivir tranquilos en un ambiente adecuado y lejos de su principal enemigo… la ciudad.

 

Oso negro. (foto: Stephen Oachs)

Oso negro. (foto: Stephen Oachs)

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Coyote en el Queen Elizabeth Park. (foto: iano50's en Flickr) Coyote en el Queen Elizabeth Park. (foto: iano50’s en Flickr)

Hace poco el diario The Vancouver Sun publicó una reseña de un hecho bien extraño: en plena ciudad, cerca del Stanley Park, un coyote (si… como lo leen) atacó a un cisne dejándolo herido y luego atrapó a un pequeño Terrier de Yorkshire que paseaba con su dueño y se lo llevó entre sus fauces. Por más que las autoridades buscaron en toda el area, no pudieron dar con el paradero del coyote ni de la pequeña víctima.

Investigando en la web de la Sociedad Ecológica de Stanley Park descubrimos que han sido vistos coyotes en prácticamente cada vecindario del Lower Mainland. Los coyotes fueron avistados por primera vez en Vancouver a finales de los años ochenta y han encontrado un hábitat muy adecuado para reproducirse en parques, campos de golf y areas no urbanizadas. La cercanía a fuentes de alimentación como son los roedores, desechos orgánicos, frutas y… lamento informarles… pequeñas mascotas como gatos y perritos falderos.

Por supuesto, no se trata de estigmatizar a los pobres coyotes como animales peligrosos, sino tomar ciertas precauciones en caso de encontrarse con uno de estos cuadrúpedos con los cuales, al parecer, tenemos que aprender a convivir. Si después de leer esta nota quedó un poco nervioso, les recomendamos leer el folleto informativo que ofrece la Sociedad Ecológica de Stanley Park, donde encontrará un folleto con datos y recomendaciones al respecto.

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