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Posts Tagged ‘nieve’

Finalmente llegó 2010, el año en que esta ciudad recibirá atletas de buena parte del mundo que van a participar en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno 2010. Irónicamente, en estos momentos muchos países están sufriendo los embates de un invierno extremdamente frío pero en Vancouver, donde hace falta mucha nieve, el invierno ha sido de lo más suave. No muy frío y sin nevadas. Por mi parte, me parece muy bueno. Como alguien me dijo: lo bueno de Vancouver es que tenemos “snow on demand”, nada en la ciudad pero podemos ir muy cerca y disfrutar de ella.

Por el éxito de los Juegos Olímpicos, espero que caiga mucha nieve en las montañas para las fechas de la competencia. 

Por los momentos, los niños y los novatos podemos divertirnos un poco practicando con snowshoes, trineos y snowtubing.

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JC Partidas)

En los senderos nevados de Mount Seymour.

Aprovechando las nevadas más intensas a las que se ha vista expuesta la ciudad de Vancouver en las últimas cuatro décadas, decidimos ir a Mount Seymour para hacer un paseo con snowshoes o zapatos para nieve. Esta montaña está situada en el distrito de North Vancouver, alcanza unos 1.450 metros sobre el nivel del mar y queda tan sólo a media hora del centro de Vancouver. Es una de las zonas favoritas de los habitantes de esta ciudad para practicar deportes invernales y senderismo.

JC Partidas)

Snowshoes o zapatos para la nieve.

Entre las actividades ofrecidas en este hermoso paraje están las caminatas guiadas a través de senderos diseminados por el bosque y con distintos grados de dificultad.

Después de días nevando ininterrumpidamente, la nieve estaba sumamente fresca y suave (powder, como le llaman en inglés) por lo que, sin los snowshoes, podíamos hundirnos tranquilamente hasta las rodillas. Estos implementos se ajustan a las botas y su amplia superficie ayuda a distribuir el peso de la persona, evitando que uno se hunda completamente en la nieve fresca. En la parte inferior poseen unos crampones que ayudan a sujetarse en superficies más duras y congeladas.

La caminata de dos horas resultó, en lo físico, un gran ejercicio y en lo visual una gran galería de paisajes no familiares para un visitante de los trópicos. Densas capas blancas sobre los pinos formando imágenes espectrales, el viento ululando y la nieve cayendo continuamente me hicieron sentir en un sitio mágico y hermoso a la vez, disfrutando de una aventura ecológica digna de repetirse.

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Los parques, como toda la ciudad, se cubrieron del manto blanco.

Los parques, como toda la ciudad, se cubrieron del manto blanco.

Hace ya tiempo que el otoño, con su manto de colores, se fue de Vancouver. Los días se fueron haciendo más fríos y cortos y las montañas comenzaron a amanecer con tímidas capas blanquecinas que se iban disolviendo con el sol de la mañana. Sin embargo, lo poético de lo que acabo de comentar se acabó de golpe y porrazo cuando al clima le dio por “regalarle” a esta ciudad, un invierno como hace tiempo no se veía por estos lados.

 
Esta temporada invernal, además de abrazarnos con un frío que llegó a bajar hasta los -12°C y que se cuela hasta los tuétanos, me ha hecho pensar y desarrollar algunas consideraciones que les presento a continuación.
 
Síndrome del maracucho: El primer día dices “mira, que lindo, están cayendo flurries”, el segundo “que charquero”, el tercero “¿será que podemos salir con esta nevada?” y el cuarto, inevitablemente estás pensando en el chiste del maracucho que se vino a vivir a Canadá.
 
Meteorología bipolar: No importa hacia donde camines mientras está nevando, la dirección de los copos de nieve es inversamente proporcional al sitio al que te diriges. Es decir, la nieve siempre te va a caer en la cara como un enjambre de mosquitos. Por cierto, estudios científicos han descubierto que más de la mitad de los copos buscará entrar en tus fosas nasales o en tus ojos.
 
Pas de Deux: Caminar en la nieve tiene su arte. Si eres el primer humano que pasa por un sitio nevado, literalmente dejarás tu huella… hasta la rodilla, lo mismo el segundo paso y así sucesivamente hasta que al voltear podrás ver una imagen tipo afiche de “huellas en la arena”, pero versión invernal. El segundo ser humano en pasar, sin duda intentará dar saltitos para caer justo donde tu pisaste, por si acaso, y así cada persona a lo largo del día. Inevitablemente se va formando un caminito por el que todos, tratando de equilibrarse como pingüinos, van pasando. Lo que hace difícil el asunto es que el caminito es muy estrechito, así que hay que caminar como enseñan a las candidatas al Miss Venezuela, “un pasito atrás del otro”, como modelo de pasarela pues. Al final, si uno se queda mirando, podría observar a la gente haciendo su versión de “la marcha de los pinguinos bailarines”.
 
Amarillo N° 5: Una manchita amarilla en la nieve, luego otra… al conseguir la quinta descubro que por más que haga frío los perritos tienen que salir a “pasear”. Eso sí, aquí salen todos trajeados con chalecos, chaquetas y demas prendas que, además de protegerles del frío, los hacen ver muy coquetos.
 
La noche de las narices frías: ¿Por qué será que lo único que tenemos a juro que llevar destapado (para no asfixiarnos) es donde sentimos más el frío? Las bajas temperaturas congelan tanto la nariz que lo que provoca es andar todo el tiempo tapándola con la mano como quien percibe algún olor desagradable.
 
Los cebollitas: Sabio es el consejo de vestirse al estilo “capas de cebolla” y eso no tiene que ver con olores raros ni con andar llorando, sino con ropa sobre ropa. De casa no salgo sin franela, otra franela, sweater y chaqueta.
 
Bueno… cansado de tanto elucubrar, me retiro a la ventana a disfrutar de la linda nieve… desde el calor del hogar.

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