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Posts Tagged ‘parque’

Pudiera pensarse que fotografiar parques en Vancouver, en pleno octubre, iba a ser una tarea signada por la lluvia, un cielo muy gris e imágenes bucólicas en las que los colores característicos de la estación brindarían un poco de calidez a las imágenes, ya que el sol, en esta época, brilla por su ausencia.

One could think that taking photographs in Vancouver, in October, would result in a bunch of rainy and cloudy images. In this time of the year, the sun rays are weak and, only the colors of the leaves bring us some sense of warming.

parque_otonalparque_Alfombra amarillaparque_Experimento

Sin embargo, este año, los despejados y brillantes días del verano se extendieron hasta bien entrada la siguiente estación. Por eso, a pesar de estar en pleno otoño, los vancouveritas disfrutaron esta “ñapa” y salieron a ejercitar el cuerpo y alimentar el alma en contacto con la naturaleza. Una buena provisión para hacer frente a los fríos y lluviosos días por venir.

Nevertheless, this year, the bright and clear Summer days stayed here longer than usual. The Vancouverites enjoyed that unexpected gift and went out to exercise the body and feed the soul in contact with nature; very necessary to face the cold and rainy days to come.

parque_Bici en parejaparque_bicininosparque_Bici colinaparque_Sombra rojaparque_amigasparque_Estanque

Con estas fotos, Vivancouver participa en el tema de octubre del grupo fotográfico “La Vuelta al Mundo“, en Flickr, al que pueden visitar para disfrutar gran cantidad de hermosas fotos de parques publicadas por los participantes a lo largo del mes.

With these photos, Vivancouver participates in the October theme of the photographic group in FlickrLa Vuelta al Mundo” (Around the World). You can visit the group and enjoy a lot of beautiful images about parks, published by the group´s members during this month.

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¿Quién dijo que para estar en contacto con la fauna silvestre hay que ir a las Montañas Rocosas, la Selva Amazónica o la Sabana Africana? Como dice el dicho, donde menos se espera salta la liebre, o cualquier otro animalejo raro, según y donde uno se encuentre. A continuación les comentaré acerca de dos encuentros cercanos del tercer tipo con criaturas de cuatro patas que sucedieron con tan solo unos días de diferencia.

 GansosCollage

La pandilla enmascarada

 

El primer caso ocurrió en la Laguna Perdida, en Stanley Park. Estábamos tranquilamente disfrutando del espectáculo alado de patos, grullas, gansos y hasta cisnes que habitan la laguna cuando se nos ocurrió sacar del morral una bolsa de papitas fritas. Tan sólo el sonido de la bolsa al abrirla parece haber actuado como la campanita en el cerebro del famoso perro de Pavlov. Las aves, especialmente los gansos, dejaron de ser apacibles para convertirse en ávidos comensales clamando por el exquisito manjar que, supongo, representa para ellos cada hojuela de papa frita. Los ¡¡¡ CUAC !!! eran cada vez más cercanos y el volúmen mayor. Cuando el ganso mayor procedía a acercarse a nosotros para secundar a los que ya casi nos rodeaban decidimos poner pies en polvorosa antes de ser atacados por aves enfurecidas, como en la famosa película de Alfred Hitchcock.

 

Decidimos tomar un sendero para continuar con nuestro paseo cuando de repente una papita cayó al suelo. Inmediatamente, y sin darnos tiempo de reaccionar, un peludo y rechoncho enmascarado apareció en escena y tomó el pedazo de chuchería con sus finas manitas. se trataba de un mapache que ni corto ni perezoso volvió a esconderse entre los matorrales. Yo no pensaba perder la oportunidad de tomarle una foto, así que tomé otra papita y empecé a llamarlo…. Pppsss, pppsss, mapachitoooo, toma otra papitaaaa…. Y entonces, como en una operación comando, desde diversos arbustos, nos salieron al paso hasta seis mapaches juntos, clamando por su papa.

 

Se veían de lo más cuchi hasta que uno de ellos como que se adelantó y el de al lado comenzó a mostrarle los dientes y a hacer un intimidante sonido. Nuevamente decidimos que si no queríamos tener a toda aquella pandilla brincando sobre nosotros por las papitas, lo mejor era tomarles unas fotitos y decirles chauuuu.

 

De esta experiencia aprendimos que, para salir ilesos de un paseo por el bosque, hay que dejar las papitas fritas en casa…. y si en algo he exagerado… que me caiga un libro de la biblioteca en la cabeza….. ¡¡¡Ouch!!!!

 MapachesCollage

La mala suerte del gato negro

 

El segundo caso a contarles hoy ocurrió en el Queen Elizabeth Park. Estábamos paseando por unos senderos y en un momento dado me quedé solo. De repente, a unos cuantos pasos de mí, una sombra gris emergió de entre los arbustos. Con su gran cola erguida y una presa en sus fauces el gran coyote pasó junto a mí como una exhalación. Después del shock inicial me apuré en buscar la camarita que parecía haberse escondido en su estuche. Mientras el cazador posaba su presa (un gran gato negro) en el suelo me miró a los ojos como diciéndome “no me sigas”, tomó nuevamente con sus afilados colmillos al infortunado e inerme felino y tranquilamente se perdió entre los arbustos, rumbo al bosquecillo cercano. 

 

Me acerqué a donde los ví por última vez, pero por más que intenté, no volví a verlos. ¿Quién sabe? quizás el coyote me observaba sigiloso desde su madriguera. Una vez más, mejor dejar todo como está y dejar tranquila a la sabia naturaleza y su eterna lucha por la supervivencia.

 CoyoteCollage

Parece mentira que estas dos historias hayan sucedido en lugares tan céntricos… pero… ¿hay algo imposible de esperar en una ciudad en donde he sido cacheteado por un cuervo, un oso se metió al patio de unos amigos o una foca jaló a una niña de cinco años al mar, afortunadamente sin consecuencias? Todo es posible en esta ciudad, rodeada por la naturaleza indómita.

 

 

Wild Weekend

 

Who said that to be in contact with wild animals you need to be in the Rocky Mountains, the Amazon rainforest or the African savanna? In the next lines I will tell you about the last encounters I have had lately with some feathered and furry guys.

 

The Masked Gang

 

The other day, we were in the Lost Lagoon, in Stanley Park, enjoying the beautiful spectacle of ducks, cranes, geese and even swans who live there. Everything was OK until we opened a chips bag. It looks like the sound of the bag acted on them as the bell in the famous Pavlov´s dog. The birds stopped being peaceful and nice animals and started to honk and quack louder and louder. He wanted us to share our chips with them, so we decided to continue walking before being attacked by angry birds, like in the Alfred Hitchcock´s famous movie.

 

We continued walking through the trail when a fell to the path. Immediately, a small and furry masked guy broke into the scene and took the small piece of chip with his little hands. It was a raccoon and, quickly, he got back to the bushes. But I was decided to take him a photograph and started making sounds with the bag and calling him… psss, pss, ey little friend… come back…. And then, like a commando  unit, six little raccoons came to us asking for our chips.

 

The looked cute until one of them started making a not so nice sound and showing his teeth to the others. We knew we are not supposed to give them any food and we decided to keep on walking far from them, before they started jumping over us looking for a salty booty. So, click click and bye bye.

 

That day, we learned that, to survive in the wilderness is better to leave the potato chips at home… and if I have been exaggerated, may a book from the shelves fall over my head… ¡¡¡Ouch!!!!

 

The bad luck of the black cat

 

The second case happened in the Queen Elizabeth Park. I was walking through another trail when, suddenly, very close to me, a gray shadow emerged from the bushes. With a prey between his jaws the big coyote passed just in front of me. After the initial shock, I could find my little camera in its case. The hunter placed  a poor black cat on the earth and stared to me like saying “do not follow me.” Then, he took again the dead feline and disappeared in the small forest.

 

I tried to find them again, but it was impossible. Maybe the coyote was looking at me from a burrow, so again I decided to leave Mother Nature alone.

 

It is curious how this stories can happen in the middle of Vancouver, but it is not impossible here, where I have been slapped by a crow, a black bear entered into a friend´s backyard and a seal pulled a five years old girl into the sea. Everything is possible in a city like this, sorrounded by Nature.

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Foto de MandyJ en Flickr

Foto de MandyJ en Flickr

Alrededor de la pequeña ciudadela de lona, reminiscencia de los antiguos teatros ambulantes de la Europa renacentista, bandadas de patos y gansos canadienses retozan junto a la laguna, un grupo de jóvenes lanzan sus frisbees, alegres perros se dan un chapuzón en la playa para mascotas y un solitario velero se hace a la mar.

 

Un grupo de llamativas carpas destaca sobre la grama de Vanier Park, en la entrada de False Creek. Si uno se fija bien, será testigo del ir y venir de espadachines, damiselas y cortesanos. Se trata del festival de teatro Bard on the Beach, que desde hace 20 años representa obras de William Shakespeare a precios razonables, para el disfrute de locales y turistas.

 

En 2008, más de 87.000 personas asistieron a las funciones del festival, que se extiende de mayo a septiembre de cada año. Este año se estarán presentando “La comedia de las equivocaciones”, “A buen fin no hay mal tiempo”, “Ricardo II” y “Otelo.”

 

El moro de Vancouver

 

Ya en otra oportunidad se mencionó a Otelo en ViVancouver, cuando se publicó una nota acerca de los interesantes túneles construidos cerca de Hope, y que llevan ese nombre.

 

En esta ocasión, tuvimos la oportunidad de asistir al preestreno de Otelo, horas antes de la apertura oficial del festival. La famosa historia del moro de Venecia es representada en un escenario práctico y minimalista, con muy buenas interpretaciones que logran atrapar la atención del público. Sin lugar a dudas, sobresale el maquiavélico personaje de Yago, quien maneja a diestra y siniestra las vidas del resto de los personajes y genera todas las mentiras e intrigas que son el hilo conductor de esta tragedia.


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GuacamayasQEP

Si hay algo que alegra la vista en la muy tropical Caracas es el paso de bulliciosas bandadas de guacamayas y loros que,  provenientes del Parque del Este, Los Próceres o las laderas de El Ávila, pintan el cielo con su colorido plumaje.

 

Aunque por estos lados no encontramos libremente aves tan llamativas, hay un lugar en Vancouver en el que podemos disfrutar del contacto directo con guacamayas, cacatúas, pericos y otras aves tropicales. Se trata del Invernadero Bloedel, en el Queen Elizabeth Park.

 

Bajo la impresionante cúpula de plexiglass, una pequeña selva tropical florece sin importar que, afuera, la temperatura pueda estar bajo cero. En este microclima, más de 500 especies de plantas tropicales y subtropicales se entrelazan como una exuberante celosía, filtrando la luz del sol y prestando sus ramas para que un centenar de aves exóticas se sientan “como en casa.”

 

Mientras un grupo de peces naranja se pierden bajo el pequeño puente de bambú y una cacatúa de penacho salmón se acicala, pienso en la importancia de lugares como éste para percatarnos de la maravillosa biodiversidad que nuestra esfera azul nos regala y que, ojalá, sepamos preservar para las futuras generaciones.

 

Bloedel Conservatory

Bloedel Conservatory

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Fuentes en el Queen Elizabeth Park.

Fuentes en el Queen Elizabeth Park.

En Vancouver, un día soleado es una joya que no se debe desperdiciar, y el Queen Elizabeth Park es un lugar estratégico desde el que se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad. Situado en el punto más elevado de Vancouver, el parque de 52 hectáreas posee un paisajismo inigualable: jardines, pequeños bosques, riachuelos y pozos se conjugan para el deleite visual de los visitantes. 

 

Quienes buscan opciones más activas encuentran una variada gama de canchas de todo tipo, incluyendo una de lawn bowling, la muy aristocrática y británica versión de las venezolanas “bolas criollas” y un pequeño campo de golf con 18 hoyos.

 

El romance también tiene cabida en este lugar tan especial. No es de extrañar el haber conseguido una novia “de velo y corona” en plena sesión fotográfica junto a la escultura de Henry Moore, o el confundirnos entre el cortejo que alegremente se prepara para la celebración de una boda en el pabellón de eventos.

 

En las fuentes danzantes, una docena de niños corre entre los potentes chorros de agua, coqueteando con las blancas columnas que crecen y desaparecen sucesivamente. Un poco más allá, un par de pintores, concentrados en su proceso creativo, no se inmutan ante el rebullicio creado por los pequeños.

 

Mientras caminamos  frente al Conservatorio Floral Bloedel, la hermosa vista de la ciudad que se expande hasta el horizonte se fija en nuestro espíritu como una postal y comprendemos qué tiene este lugar de especial. El segundo parque más visitado de Vancouver (6 millones de personas al año) nos invita a disfrutar una y otra vez del balance que se siente entre naturaleza, arte y urbanismo en cada uno de sus espacios.

Vista del downtown.

 

 

Jardines y Arboretum.

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La Primavera es la estación donde se desbordan los colores escondidos bajo el manto de nieve invernal. El reino vegetal se engalana con sus mejores pintas para recibir al sol y a las aves, que vuelven de su migración anual. 

Basta salir con una camarita sencilla para captar imágenes dignas de una postal. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes una selección de quince fotografías tomadas en una mañana cualquiera de primavera en Vancouver. (fotos: JC Partidas)

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Cerezos (foto: Yelena_YK) Cerezos (foto: Yelena_YK)

Ya hace algún tiempo que oficialmente estamos en primavera; sin embargo, la naturaleza tiene su propio ritmo, no sujeto al capricho del hombre. Antes de venir a Canadá, tenía mi muy personal y tropical idea de que todas las flores se abrían automáticamente al iniciar la primavera. Ahora sé que no es así. Cada plantita, arbusto o árbol se toma su tiempo y decide cuándo engalanar las calles con su colorido esplendor.

Quizá el hecho de que Vancouver tenga el clima menos extremo de Canadá durante el invierno hace que el cambio de estaciones se note menos. Sin embargo, un signo evidente es la duración de los días. Hace ya tiempo que dejamos atrás los atardeceres a las 4:30 pm (en los peores días del invierno) y actualmente, después de las ocho todavía se puede disfrutar de la tenue luz del sol.

Aunque algunas flores están muy cómodas, acurrucaditas en sus capullos o huyéndole al frío, aún bajo tierra, ya las primeras flores de temporada han comenzado a brotar. El amarillo de los narcisos adorna parques y jardines y poco a poco seremos testigos del masivo despertar de los tulipanes.

Otro regalo para el espíritu son los cerezos que florecen llenando las calles de una espectacular gama de rosados pálidos. Anualmente, entre marzo y abril se lleva a cabo el Cherry Blossom Festival (Festival de Cerezos en Flor) que incluye diversas actividades y eventos dedicados a celebrar la belleza de la estación. Conciertos, paseos dirigidos y un invitacional de Haiku (estilo de poesía breve japonesa que resalta la percepción e inspiración en un momento dado) son los “platos fuertes” de este festival.

En mayo, el definitivo “desempolvar” de las ropas más ligeras, la llegada de los primeros cruceros que cubren la ruta Vancouver-Alaska y el aumento de turistas marcarán el cenit de esta estación en la hermosa costa oeste canadiense.

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