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Posts Tagged ‘seawall’

Pudiera pensarse que fotografiar parques en Vancouver, en pleno octubre, iba a ser una tarea signada por la lluvia, un cielo muy gris e imágenes bucólicas en las que los colores característicos de la estación brindarían un poco de calidez a las imágenes, ya que el sol, en esta época, brilla por su ausencia.

One could think that taking photographs in Vancouver, in October, would result in a bunch of rainy and cloudy images. In this time of the year, the sun rays are weak and, only the colors of the leaves bring us some sense of warming.

parque_otonalparque_Alfombra amarillaparque_Experimento

Sin embargo, este año, los despejados y brillantes días del verano se extendieron hasta bien entrada la siguiente estación. Por eso, a pesar de estar en pleno otoño, los vancouveritas disfrutaron esta “ñapa” y salieron a ejercitar el cuerpo y alimentar el alma en contacto con la naturaleza. Una buena provisión para hacer frente a los fríos y lluviosos días por venir.

Nevertheless, this year, the bright and clear Summer days stayed here longer than usual. The Vancouverites enjoyed that unexpected gift and went out to exercise the body and feed the soul in contact with nature; very necessary to face the cold and rainy days to come.

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Con estas fotos, Vivancouver participa en el tema de octubre del grupo fotográfico “La Vuelta al Mundo“, en Flickr, al que pueden visitar para disfrutar gran cantidad de hermosas fotos de parques publicadas por los participantes a lo largo del mes.

With these photos, Vivancouver participates in the October theme of the photographic group in FlickrLa Vuelta al Mundo” (Around the World). You can visit the group and enjoy a lot of beautiful images about parks, published by the group´s members during this month.

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Lions Gate Bridge (foto: knightbefore_99)Lions Gate Bridge (foto: knightbefore_99)

En nuestro recorrido por el seawall del Stanley Park comenzamos a ver pequeñas playas repletas de piedras, estrellas de mar y conchas marinas, con las que cuervos y gaviotas “hacían su agosto”. En la otra orilla de Burrard Inlet, dos enormes montañas cónicas de un amarillo intenso indican el lugar donde son embarcados los cargamentos de Azufre provenientes de la provincia de Alberta.

Un poco más allá, tenemos la oportunidad de pasar por debajo del Lions Gate Bridge, el puente colgante que, como un gigante verde, une Vancouver con las ciudades de la orilla norte (North Vancouver y West Vancouver). El puente, inaugurado en 1938, tiene una longitud de 1.823 metros y en su sección más elevada deja un espacio libre de 61 metros de altura, lo que permite el paso de buques de gran calado.

En un punto donde el paseo gira a la izquierda podemos ver la Siwash Rock, famosa roca que como un dedo gigante emerge de las aguas a pocos metros de tierra firme.

Van cinco kilómetros recorridos. Ya no tenemos de frente la orilla norte sino el mar abierto. La hermosa vista, la brisa y el suave calor del sol primaveral nos reconfortan y nos hacen olvidar por un rato el cansancio. Si el día está claro se pueden observar tenuemente las lejanas montañas de Vancouver Island.

Tercera Playa de Stanley Park (foto: GeordieMac Pics)

Tercera Playa de Stanley Park (foto: GeordieMac Pics)

Nos detenemos a descansar en la Tercera Playa (Third Beach), aprovechando la suave arena y los troncos dispuestos a manera de asientos. En la cercana “concesión” compramos alguna bebida para recuperar la energía.

En los últimos dos kilómetros del recorrido nos detenemos a ver varios conjuntos de piedras en equilibrio, lo que nos recuerda el Jardín de las Piedras Marinas Soñadores en el Parque Nacional El Ávila, entre Caracas y el Mar Caribe. Al parecer, diversos artistas montan estas peculiares esculturas naturales y los transeúntes dejan algún dinero en sus preferidas.

Conjunto de piedras en equilibrio (foto

Conjunto de piedras en equilibrio (foto: kent n avery)

La Segunda Playa (Second Beach) con su piscina y la amplia playa en English Bay determinan nuestro regreso a la ciudad después de tan ameno paseo.

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Estatua de Harry Jerome (foto: mypictures4u)  Estatua de Harry Jerome (foto: mypictures4u)

Continuando el recorrido por el seawall del Stanley Park nos encontramos con la atracción más visitada del parque, la magnífica exhibición de totem poles, espigadas tallas de madera muy características de las culturas indígenas que han habitado estas tierras desde antes de la llegada de los europeos. Las imágenes reflejan el mundo natural y espiritual de dichos pueblos.

Totem poles (foto: johnny9s)

Totem poles (foto: johnny9s)

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Cañón que es disparado diariamente a las 9:00 pm. (foto: the_ineffable_mr_f)

Un poco más allá, una escultura rinde homenaje a Harry Jerome, atleta negro que representó a Canadá en pista y campo, ganando oro en varias competencias internacionales. Jerome participó en tres olimpiadas y consiguió la medalla de bronce en la cita de 1964, en Tokio. La muy detallada escultura representa la llegada del atleta a la meta y sin duda nos hace pensar en dinamismo y equilibrio.

Tras caminar unos metros vemos una pequeña caseta que guarda el antiguo cañón que es disparado cada noche, exactamente a las 9:00 pm y que en el pasado, servía a los marineros para ajustar sus relojes.

Dejando atrás el faro de Brockton Point nos conseguimos con otra talla de madera, visiblemente influenciada por las culturas milenarias de Asia. Se trata del mascarón de proa del navío “Empress of Japan, que a finales del siglo XIX y comienzos del XX cubrió las rutas comerciales entre Asia y el oeste canadiense.

Mascarón de proa del navío "Empress" (foto: Mr Dunks)

Mascarón de proa del navío "Empress" (foto: Mr Dunks)

Por último, una gran roca en el mar sirve de base a una imagen que nos parece conocida. A simple vista creemos estar viendo la famosa Sirenita que se encuentra en Copenhague representando al personaje del cuento de Hans Christian Andersen. 

Tras detallar más la figura nos preguntamos… ¿la Sirenita usa careta? ¿tiene una cola de pez o son chapaletas en sus pies? y es que en realidad no se trata de La Sirenita, sino de la Chica en el Traje de Buzo (Girl in the Wetsuit), del escultor Elek Imredy, que posa sobre la roca desde 1972.

Llevamos cerca de cuatro kilómetros recorridos y nos acercamos al lado donde el seawall nos lleva a disfrutar de la inmensidad del mar abierto.

Estatua de la chica en traje de buzo (foto: Chang'r)

Estatua de la chica en traje de buzo (foto: Chang'r)

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Botes en la marina de Coal Harbour (foto: devlyn en Flickr) Botes en la marina de Coal Harbour (foto: devlyn en Flickr)

Aprovechando una de las primeras tardes soleadas de la primavera, nosotros, al igual que mucha gente en la ciudad, decidimos sacudirnos la modorra post-invernal y disfrutar de una revitalizante caminata por el seawall, la hermosa caminería que separa las aguas del Océano Pacífico del Stanley Park.

Llegamos al parque por el lado de Coal Harbour, un área muy “chic”, de altos y costosos condominios, una marina poblada de yates y veleros de mediano calado y el muy aristocrático Club de Remo de Vancouver, cuya sede se encuentra construida sobre pilotes que sobresalen de las frías aguas.

Si miramos a la izquierda podemos ver la Laguna Perdida (Lost Lagoon) poblada de cisnes, gansos canadienses, patos y demás especies de aves que consideran esta masa de agua como un santuario.

Hidroaviones (foto: t chang en Flickr)

Hidroaviones (foto: t chang en Flickr)

Bote de Paletas (foto: RayVonRocks)

Bote de Paletas (foto: RayVonRocks)

 

A la derecha, los rascacielos de la ciudad se yerguen sobre su reflejo. Más allá, el Canada Place despliega sus velas al viento y uno de los seabuses realiza su rutinaria travesía a la orilla norte; un hidroavión alza el vuelo justo antes de que otro comience el proceso de amaraje y varios veleros, remolcadores y barcazas cruzan sus respectivas estelas frente a la movida bahía.

El sendero está muy bien definido. De la línea a la derecha, los peatones. De la línea a la izquierda, todo lo que tenga ruedas (y en una sola dirección, cual autopista). Bicicletas, patines, coches y patinetas nos adelantaban por la izquierda mientras trotadores y caminantes avanzamos a un ritmo menor, al borde de las aguas.

El camino es largo y cruzamos el hito que indica que llevamos 500 metros, del total de nueve kilómetros que recorreremos. Ya somos parte del río de personas de los más diversos orígenes étnicos que inunda este hermoso y panorámico paseo en esta templada tarde primaveral. Seguimos caminando.

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