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Posts Tagged ‘stanley park’

Ya se, ya se… se van a preguntar si no hay otro sitio para fotografiar en Vancouver si no es el Stanley Park…. pero ¿qué le voy a hacer si este lugar da para todos los temas? 

Hace unos días disfrutamos de la hermosa villa navideña que montan en el parque, con muchas luces, casitas, figuras y hasta un minitren. Un hermoso rincón super acogedor y apropiadísimo para compartir la alegría de esta época del año. Si quieren ver más fotos navideñas en los más diversos lugares del globo, les invito a visitar el grupo La Vuelta al Mundo, en Flickr.

Christmas in the Park

I know… I know… You must be wondering if there is not other place to photograph in the city, but… what can I do if this place is so versatile? A few days ago, we enjoyed the Christmas village that is set up every December in Stanley Park. It is plenty of lights, little houses, figures and even a minitrain. A beautiful place to share the happiness of the Holydays. If you want to see more Chritmas photos around the world, visit the Flickr group La Vuelta al Mundo.

 

Texturas por pareeerica / Textures by pareeerica

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Pudiera pensarse que fotografiar parques en Vancouver, en pleno octubre, iba a ser una tarea signada por la lluvia, un cielo muy gris e imágenes bucólicas en las que los colores característicos de la estación brindarían un poco de calidez a las imágenes, ya que el sol, en esta época, brilla por su ausencia.

One could think that taking photographs in Vancouver, in October, would result in a bunch of rainy and cloudy images. In this time of the year, the sun rays are weak and, only the colors of the leaves bring us some sense of warming.

parque_otonalparque_Alfombra amarillaparque_Experimento

Sin embargo, este año, los despejados y brillantes días del verano se extendieron hasta bien entrada la siguiente estación. Por eso, a pesar de estar en pleno otoño, los vancouveritas disfrutaron esta “ñapa” y salieron a ejercitar el cuerpo y alimentar el alma en contacto con la naturaleza. Una buena provisión para hacer frente a los fríos y lluviosos días por venir.

Nevertheless, this year, the bright and clear Summer days stayed here longer than usual. The Vancouverites enjoyed that unexpected gift and went out to exercise the body and feed the soul in contact with nature; very necessary to face the cold and rainy days to come.

parque_Bici en parejaparque_bicininosparque_Bici colinaparque_Sombra rojaparque_amigasparque_Estanque

Con estas fotos, Vivancouver participa en el tema de octubre del grupo fotográfico “La Vuelta al Mundo“, en Flickr, al que pueden visitar para disfrutar gran cantidad de hermosas fotos de parques publicadas por los participantes a lo largo del mes.

With these photos, Vivancouver participates in the October theme of the photographic group in FlickrLa Vuelta al Mundo” (Around the World). You can visit the group and enjoy a lot of beautiful images about parks, published by the group´s members during this month.

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¿Quién dijo que para estar en contacto con la fauna silvestre hay que ir a las Montañas Rocosas, la Selva Amazónica o la Sabana Africana? Como dice el dicho, donde menos se espera salta la liebre, o cualquier otro animalejo raro, según y donde uno se encuentre. A continuación les comentaré acerca de dos encuentros cercanos del tercer tipo con criaturas de cuatro patas que sucedieron con tan solo unos días de diferencia.

 GansosCollage

La pandilla enmascarada

 

El primer caso ocurrió en la Laguna Perdida, en Stanley Park. Estábamos tranquilamente disfrutando del espectáculo alado de patos, grullas, gansos y hasta cisnes que habitan la laguna cuando se nos ocurrió sacar del morral una bolsa de papitas fritas. Tan sólo el sonido de la bolsa al abrirla parece haber actuado como la campanita en el cerebro del famoso perro de Pavlov. Las aves, especialmente los gansos, dejaron de ser apacibles para convertirse en ávidos comensales clamando por el exquisito manjar que, supongo, representa para ellos cada hojuela de papa frita. Los ¡¡¡ CUAC !!! eran cada vez más cercanos y el volúmen mayor. Cuando el ganso mayor procedía a acercarse a nosotros para secundar a los que ya casi nos rodeaban decidimos poner pies en polvorosa antes de ser atacados por aves enfurecidas, como en la famosa película de Alfred Hitchcock.

 

Decidimos tomar un sendero para continuar con nuestro paseo cuando de repente una papita cayó al suelo. Inmediatamente, y sin darnos tiempo de reaccionar, un peludo y rechoncho enmascarado apareció en escena y tomó el pedazo de chuchería con sus finas manitas. se trataba de un mapache que ni corto ni perezoso volvió a esconderse entre los matorrales. Yo no pensaba perder la oportunidad de tomarle una foto, así que tomé otra papita y empecé a llamarlo…. Pppsss, pppsss, mapachitoooo, toma otra papitaaaa…. Y entonces, como en una operación comando, desde diversos arbustos, nos salieron al paso hasta seis mapaches juntos, clamando por su papa.

 

Se veían de lo más cuchi hasta que uno de ellos como que se adelantó y el de al lado comenzó a mostrarle los dientes y a hacer un intimidante sonido. Nuevamente decidimos que si no queríamos tener a toda aquella pandilla brincando sobre nosotros por las papitas, lo mejor era tomarles unas fotitos y decirles chauuuu.

 

De esta experiencia aprendimos que, para salir ilesos de un paseo por el bosque, hay que dejar las papitas fritas en casa…. y si en algo he exagerado… que me caiga un libro de la biblioteca en la cabeza….. ¡¡¡Ouch!!!!

 MapachesCollage

La mala suerte del gato negro

 

El segundo caso a contarles hoy ocurrió en el Queen Elizabeth Park. Estábamos paseando por unos senderos y en un momento dado me quedé solo. De repente, a unos cuantos pasos de mí, una sombra gris emergió de entre los arbustos. Con su gran cola erguida y una presa en sus fauces el gran coyote pasó junto a mí como una exhalación. Después del shock inicial me apuré en buscar la camarita que parecía haberse escondido en su estuche. Mientras el cazador posaba su presa (un gran gato negro) en el suelo me miró a los ojos como diciéndome “no me sigas”, tomó nuevamente con sus afilados colmillos al infortunado e inerme felino y tranquilamente se perdió entre los arbustos, rumbo al bosquecillo cercano. 

 

Me acerqué a donde los ví por última vez, pero por más que intenté, no volví a verlos. ¿Quién sabe? quizás el coyote me observaba sigiloso desde su madriguera. Una vez más, mejor dejar todo como está y dejar tranquila a la sabia naturaleza y su eterna lucha por la supervivencia.

 CoyoteCollage

Parece mentira que estas dos historias hayan sucedido en lugares tan céntricos… pero… ¿hay algo imposible de esperar en una ciudad en donde he sido cacheteado por un cuervo, un oso se metió al patio de unos amigos o una foca jaló a una niña de cinco años al mar, afortunadamente sin consecuencias? Todo es posible en esta ciudad, rodeada por la naturaleza indómita.

 

 

Wild Weekend

 

Who said that to be in contact with wild animals you need to be in the Rocky Mountains, the Amazon rainforest or the African savanna? In the next lines I will tell you about the last encounters I have had lately with some feathered and furry guys.

 

The Masked Gang

 

The other day, we were in the Lost Lagoon, in Stanley Park, enjoying the beautiful spectacle of ducks, cranes, geese and even swans who live there. Everything was OK until we opened a chips bag. It looks like the sound of the bag acted on them as the bell in the famous Pavlov´s dog. The birds stopped being peaceful and nice animals and started to honk and quack louder and louder. He wanted us to share our chips with them, so we decided to continue walking before being attacked by angry birds, like in the Alfred Hitchcock´s famous movie.

 

We continued walking through the trail when a fell to the path. Immediately, a small and furry masked guy broke into the scene and took the small piece of chip with his little hands. It was a raccoon and, quickly, he got back to the bushes. But I was decided to take him a photograph and started making sounds with the bag and calling him… psss, pss, ey little friend… come back…. And then, like a commando  unit, six little raccoons came to us asking for our chips.

 

The looked cute until one of them started making a not so nice sound and showing his teeth to the others. We knew we are not supposed to give them any food and we decided to keep on walking far from them, before they started jumping over us looking for a salty booty. So, click click and bye bye.

 

That day, we learned that, to survive in the wilderness is better to leave the potato chips at home… and if I have been exaggerated, may a book from the shelves fall over my head… ¡¡¡Ouch!!!!

 

The bad luck of the black cat

 

The second case happened in the Queen Elizabeth Park. I was walking through another trail when, suddenly, very close to me, a gray shadow emerged from the bushes. With a prey between his jaws the big coyote passed just in front of me. After the initial shock, I could find my little camera in its case. The hunter placed  a poor black cat on the earth and stared to me like saying “do not follow me.” Then, he took again the dead feline and disappeared in the small forest.

 

I tried to find them again, but it was impossible. Maybe the coyote was looking at me from a burrow, so again I decided to leave Mother Nature alone.

 

It is curious how this stories can happen in the middle of Vancouver, but it is not impossible here, where I have been slapped by a crow, a black bear entered into a friend´s backyard and a seal pulled a five years old girl into the sea. Everything is possible in a city like this, sorrounded by Nature.

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La Primavera es la estación donde se desbordan los colores escondidos bajo el manto de nieve invernal. El reino vegetal se engalana con sus mejores pintas para recibir al sol y a las aves, que vuelven de su migración anual. 

Basta salir con una camarita sencilla para captar imágenes dignas de una postal. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes una selección de quince fotografías tomadas en una mañana cualquiera de primavera en Vancouver. (fotos: JC Partidas)

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Lions Gate Bridge (foto: knightbefore_99)Lions Gate Bridge (foto: knightbefore_99)

En nuestro recorrido por el seawall del Stanley Park comenzamos a ver pequeñas playas repletas de piedras, estrellas de mar y conchas marinas, con las que cuervos y gaviotas “hacían su agosto”. En la otra orilla de Burrard Inlet, dos enormes montañas cónicas de un amarillo intenso indican el lugar donde son embarcados los cargamentos de Azufre provenientes de la provincia de Alberta.

Un poco más allá, tenemos la oportunidad de pasar por debajo del Lions Gate Bridge, el puente colgante que, como un gigante verde, une Vancouver con las ciudades de la orilla norte (North Vancouver y West Vancouver). El puente, inaugurado en 1938, tiene una longitud de 1.823 metros y en su sección más elevada deja un espacio libre de 61 metros de altura, lo que permite el paso de buques de gran calado.

En un punto donde el paseo gira a la izquierda podemos ver la Siwash Rock, famosa roca que como un dedo gigante emerge de las aguas a pocos metros de tierra firme.

Van cinco kilómetros recorridos. Ya no tenemos de frente la orilla norte sino el mar abierto. La hermosa vista, la brisa y el suave calor del sol primaveral nos reconfortan y nos hacen olvidar por un rato el cansancio. Si el día está claro se pueden observar tenuemente las lejanas montañas de Vancouver Island.

Tercera Playa de Stanley Park (foto: GeordieMac Pics)

Tercera Playa de Stanley Park (foto: GeordieMac Pics)

Nos detenemos a descansar en la Tercera Playa (Third Beach), aprovechando la suave arena y los troncos dispuestos a manera de asientos. En la cercana “concesión” compramos alguna bebida para recuperar la energía.

En los últimos dos kilómetros del recorrido nos detenemos a ver varios conjuntos de piedras en equilibrio, lo que nos recuerda el Jardín de las Piedras Marinas Soñadores en el Parque Nacional El Ávila, entre Caracas y el Mar Caribe. Al parecer, diversos artistas montan estas peculiares esculturas naturales y los transeúntes dejan algún dinero en sus preferidas.

Conjunto de piedras en equilibrio (foto

Conjunto de piedras en equilibrio (foto: kent n avery)

La Segunda Playa (Second Beach) con su piscina y la amplia playa en English Bay determinan nuestro regreso a la ciudad después de tan ameno paseo.

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Estatua de Harry Jerome (foto: mypictures4u)  Estatua de Harry Jerome (foto: mypictures4u)

Continuando el recorrido por el seawall del Stanley Park nos encontramos con la atracción más visitada del parque, la magnífica exhibición de totem poles, espigadas tallas de madera muy características de las culturas indígenas que han habitado estas tierras desde antes de la llegada de los europeos. Las imágenes reflejan el mundo natural y espiritual de dichos pueblos.

Totem poles (foto: johnny9s)

Totem poles (foto: johnny9s)

canonstanleypark

Cañón que es disparado diariamente a las 9:00 pm. (foto: the_ineffable_mr_f)

Un poco más allá, una escultura rinde homenaje a Harry Jerome, atleta negro que representó a Canadá en pista y campo, ganando oro en varias competencias internacionales. Jerome participó en tres olimpiadas y consiguió la medalla de bronce en la cita de 1964, en Tokio. La muy detallada escultura representa la llegada del atleta a la meta y sin duda nos hace pensar en dinamismo y equilibrio.

Tras caminar unos metros vemos una pequeña caseta que guarda el antiguo cañón que es disparado cada noche, exactamente a las 9:00 pm y que en el pasado, servía a los marineros para ajustar sus relojes.

Dejando atrás el faro de Brockton Point nos conseguimos con otra talla de madera, visiblemente influenciada por las culturas milenarias de Asia. Se trata del mascarón de proa del navío “Empress of Japan, que a finales del siglo XIX y comienzos del XX cubrió las rutas comerciales entre Asia y el oeste canadiense.

Mascarón de proa del navío "Empress" (foto: Mr Dunks)

Mascarón de proa del navío "Empress" (foto: Mr Dunks)

Por último, una gran roca en el mar sirve de base a una imagen que nos parece conocida. A simple vista creemos estar viendo la famosa Sirenita que se encuentra en Copenhague representando al personaje del cuento de Hans Christian Andersen. 

Tras detallar más la figura nos preguntamos… ¿la Sirenita usa careta? ¿tiene una cola de pez o son chapaletas en sus pies? y es que en realidad no se trata de La Sirenita, sino de la Chica en el Traje de Buzo (Girl in the Wetsuit), del escultor Elek Imredy, que posa sobre la roca desde 1972.

Llevamos cerca de cuatro kilómetros recorridos y nos acercamos al lado donde el seawall nos lleva a disfrutar de la inmensidad del mar abierto.

Estatua de la chica en traje de buzo (foto: Chang'r)

Estatua de la chica en traje de buzo (foto: Chang'r)

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Botes en la marina de Coal Harbour (foto: devlyn en Flickr) Botes en la marina de Coal Harbour (foto: devlyn en Flickr)

Aprovechando una de las primeras tardes soleadas de la primavera, nosotros, al igual que mucha gente en la ciudad, decidimos sacudirnos la modorra post-invernal y disfrutar de una revitalizante caminata por el seawall, la hermosa caminería que separa las aguas del Océano Pacífico del Stanley Park.

Llegamos al parque por el lado de Coal Harbour, un área muy “chic”, de altos y costosos condominios, una marina poblada de yates y veleros de mediano calado y el muy aristocrático Club de Remo de Vancouver, cuya sede se encuentra construida sobre pilotes que sobresalen de las frías aguas.

Si miramos a la izquierda podemos ver la Laguna Perdida (Lost Lagoon) poblada de cisnes, gansos canadienses, patos y demás especies de aves que consideran esta masa de agua como un santuario.

Hidroaviones (foto: t chang en Flickr)

Hidroaviones (foto: t chang en Flickr)

Bote de Paletas (foto: RayVonRocks)

Bote de Paletas (foto: RayVonRocks)

 

A la derecha, los rascacielos de la ciudad se yerguen sobre su reflejo. Más allá, el Canada Place despliega sus velas al viento y uno de los seabuses realiza su rutinaria travesía a la orilla norte; un hidroavión alza el vuelo justo antes de que otro comience el proceso de amaraje y varios veleros, remolcadores y barcazas cruzan sus respectivas estelas frente a la movida bahía.

El sendero está muy bien definido. De la línea a la derecha, los peatones. De la línea a la izquierda, todo lo que tenga ruedas (y en una sola dirección, cual autopista). Bicicletas, patines, coches y patinetas nos adelantaban por la izquierda mientras trotadores y caminantes avanzamos a un ritmo menor, al borde de las aguas.

El camino es largo y cruzamos el hito que indica que llevamos 500 metros, del total de nueve kilómetros que recorreremos. Ya somos parte del río de personas de los más diversos orígenes étnicos que inunda este hermoso y panorámico paseo en esta templada tarde primaveral. Seguimos caminando.

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