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A pesar de encontrarse entre dos de las más visitadas atracciones turísticas de Vancouver (Capilano Suspension Bridge y Grouse Mountain) la represa Cleveland es poco conocida por los turistas. Fue construida en 1954 en la parte alta del Parque Regional del Río Capilano y retiene las aguas del Lago del mismo nombre.

Se trata de un lugar de una extraordinaria belleza, con caminerías y areas de picnic. Además, la vista de las tranquilas aguas y las montañas circundantes hacen que este lugar  se encuentre entre una escapada perfecta de fin de semana para disfrutar de la naturaleza, y a tan sólo minutos de casa.

Cleveland Dam

Despite being between two of the most visited tourist attractions in Vancouver (Capilano Suspension Bridge and Grouse Mountain) Cleveland Dam is little known by tourists. It was built in 1954 in the upper Capilano River Regional Park and retains the waters of the Capilano Lake.

This is a place of extraordinary beauty, with walkways and picnic areas. The views of the tranquil waters and surrounding mountains make this place a perfect weekend getaway to enjoy nature, without leaving the city

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orca mural

A la hora prevista, el pequeño grupo salió a la luz del sol y se dirigió al puerto de embarque. Los pesados trajes rojos nos hacían lucir como astronautas dirigiéndonos a un potente cohete, pero no éramos más que un grupo de entusiastas turistas preparados para observar orcas en su hábitat. 

 

Esta aventura era una “asignatura pendiente” desde que visité Vancouver por primera vez y el brillante día de octubre lucía perfecto para tener un encuentro cercano con estos gigantes blanquinegros.

 

Tras abordar el bote inflable, el capitán y guía encendió los motores y plácidamente atravesamos la Bahía de Victoria, la capital de Columbia Británica. Entre cruceros, veleros e hidroaviones nos fuimos acercando a mar abierto. Entonces, al pasar una señalización y, como si un demonio se hubiera apoderado del bote, arrancamos a toda velocidad.

 

La embarcación empezó a volar entre cresta y cresta del agitado mar; a veces en línea recta, a veces con curvas tan cerradas que nos sentíamos como en una montaña rusa. Entre los splash-splash del agua estrellándose contra mi cara y los paff-paff de nuestros cuerpos rebotando en los asientos podía escuchar como, a través de la radio, el capitán recibía información acerca de la ubicación de las orcas.

Orca3

Finalmente, la lancha se detuvo en un área cercana a la costa. Una nubecita de vapor, a lo lejos, fue la primera señal. Una espigada aleta dorsal emergió del océano como para avisarnos que el viaje había valido la pena. Allí estaba, la primera orca que veía en su estado salvaje. El hermoso cetáceo pasó frente a nosotros sin prestarnos mucha atención.

 

Dos por aquí, tres por allá, una solitaria por este lado… Cerca de una hora estuvimos admirando el majestuoso paso de estas impresionantes criaturas, monarcas de los mares. Definitivamente, otra muestra de la maravillosa naturaleza que tenemos la responsabilidad de preservar. 

Orca1

 

The small group went out to the sun light. The heavy red suits made us look like astronauts going to a rocket, but we were just a few tourists ready to meet orcas in their  environment. This adventure had been a “to do” since the first time I visited Vancouver and this bright October day looked perfect to have a close encounter with these black and white giants.

 

After boarding the inflatable boat, the captain and guide turned on the engines and we started moving slowly through the bay where Victoria, British Columbia´s capital is located. Sailing between cruise ships, ferries and hydroplanes, we got closer to the open sea. Suddenly, after leaving behind a signal and, as if a demon had taken the control of the boat, we started moving very very fast.

 

The boat was jumping over the waves. Some sudden changes of direction made us feel like riding a roller coaster. Between the splash-splash of the water hitting my face and the paff-paff of our bodies bouncing on the seats I could hear how, by radio, the captain was receiving information about the orcas´ whereabouts.

 

Finally, the boat stopped near the coast. A small steam column was the first signal. A slender dorsal fin surfaced to let us know that the trip was worth. It was the first orca I ever saw in its habitat. The beautiful cetacean passed in front of our boat. Two here, three over there, a lonely one this way… We spent near one hour observing those majestic creatures. Definitely, another sample of the wonderful nature that we have the responsibility to preserve.

 

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bowenisland1

Por los senderos de Bowen Island
Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.
Cruzando el charco
Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.
Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.
Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 
Alrededor del lago
Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, cuando íbamos a comprar el pino natural para navidad.
En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 
En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago… de antes de la construcción del dique.
Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.
Un buen chapuzón
Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.
Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.
El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 
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Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.

Cruzando el charco

Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.

Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.

Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 

Alrededor del lago

Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, al rito anual de la compra del pino canadiense para navidad.

En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 

En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago, de antes de la construcción del dique.

Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.

Un buen chapuzón

Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.

Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.

El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados, pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 

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Volver a la tercera fecha: Gran Bretaña

La cuarta y última noche del festival “Celebración de la Luz” 2009 le tocó el turno a China, equipo que a la postre resultaría el campeón de esta competencia anual, de acuerdo con el jurado. Por su parte, Gran Bretaña ganó la votación popular. 

Muchos comentarios a favor y en contra de la decisión del jurado, tal y como puede apreciarse en un interesante artículo del Vancouver Sun; pero, a fin de cuentas, un broche de oro para este festival que aporta 37 millones de dólares anuales a la ciudad, en el área del turismo.

Celebration of Light 2009. Fourth night

Back to the third night: Team UK

The fourth and last night of the “Celebration of Light” we could see the performance of team China. Later, the jury decided that this performance deserved to be the winner in the 2009 event. United Kingdom won the People’s Choice Award.

There are different opinions about the jury´s choice, as it can be seen in an interesting article published by the Vancouver Sun but, nevertheless, this performance was a grand finale for  this competition that contributes more than $37 million to the city´s tourism industry.

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atardecer

Entrada Previa: Ketchikan, la Capital Mundial del Salmón

 

En nuestro ultimo día en sus aguas, Alaska quiso brindarnos una espectacular puesta de sol. Pudimos disfrutar del brillante disco solar descendiendo hacia el horizonte y tiñendo cielo y mar con las mas variadas gamas de naranjas, rojos y amarillos.

 

Con una despedida así…. ¿a quién no le provoca regresar?

 

 

Previous Post: Ketchikan, The Salmon Capital of the World

 

Going to Alaska (IX): Sunset in Alaska

 

In our last day in its waters, Alaska gave us a beautiful sunset. We enjoyed the bright solar disc descending over the horizon and painting the sky and sea with orange, red and yellow.

 

With a farewell like that… Who does not want to come back?

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ketchikan1

 La mañana siguiente a nuestra partida de Glacier Bay llegamos a Ketchikan, una ciudad más grande que Skagway pero también muy pintoresca. La zona contigua a los muelles es muy bonita, con interesantes tiendas, galerías y exhibiciones. Ketchikan se autoproclama “La Capital Mundial del Salmón,” y es que la industria pesquera fue la base sobre la que floreció la ciudad. Hoy en día es el turismo el motor que mueve la economía local.

 

Parte de la ciudad está construida sobre pilotes que emergen desde el mismo mar. Tal es el caso de Creek Street, que parece haber sido construida para inspirar a pintores y fotógrafos.

 

A pocos minutos de Ketchikan se encuentra la villa nativa de Saxman. En este lugar se puede visitar una excelente muestra de tótems elaborados por artesanos locales. Las estilizadas tallas representan motivos históricos, espirituales y hasta jocosos.

 

Muchas de las procesadoras de salmón que le dieron renombre a la ciudad cerraron sus puertas a mediados del siglo XX, cuando el gobierno, para preservar la ecología, impuso límites a los volúmenes de pesca permitidos. La antigua procesadora de Salmón de George Inlet funciona ahora con fines turísticos y, al visitar sus instalaciones, se puede aprender acerca de su historia y ver en funcionamiento las antiguas maquinarias.

 

Finalmente, un paseo en bote nos permitió visitar algunas caletas cercanas. Tuvimos la oportunidad de ver otra águila calva en su nido y disfrutamos del impresionante espectáculo de una ballena jorobada, que en su última inmersión alzó su cola como una gran mano que nos decía “hasta la vista.”

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Going to Alaska (VIII): Ketchikan, The Salmon Capital of the World

 

The day after our visit to Glacier Bay we arrived to Ketchikan. This city is bigger than Skagway, but it is also picturesque. The zone near the piers is very nice; with interesting stores, galleries and exhibitions. The people from Ketchikan call their city “The Salmon Capital of the World” because the fishing industry was the base for the city’s growing during the early 1900’s. Nowadays, tourism is the motor that impulse the local economy. Part of the city is builded over the sea, on wooden platforms. That is the case of Creek Street, a beautiful and inspiring place for painters and photographers.

 

Very close to Ketchikan it is located the Saxman Native Village. In this place it is possible to visit an amazing exhibition of totem poles, carved by local artisans. The slender carvings represent historic, spiritual and even funny subjects.

 

Many salmon canneries closed their doors after the government limited the allowed fishing volumes to preserve the species. The old George Inlet Cannery is now a touristic attraction and when visiting its facilities, the traveller can learn about the company’s history and see the machinery working.

 

Finally, we took a boat trip to some coves nearby. In the woods we could see a bold eagle in its nest and we enjoyed the amazing spectacle of a hunchback whale that, in it last immersion raised its tale like a big hand waving and telling us “hasta la vista.” 

 

 

 

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Glaciar Bay Alaska

Glaciar Bay Alaska

Entrada previa: Recordando la Fiebre del Oro en Skagway

 

A pesar de haber sido el primer europeo en reportar la existencia de la Bahía Glaciar, el Capitán George Vancouver no pudo navegar los más de 100 kilómetros que nuestro barco recorrió entre sus empinados riscos. En 1794, cuando la expedición de Vancouver descubrió esta bahía, la entrada de la misma estaba bloqueada por un inmensa pared de hielo que, como un río, se extendía hasta perderse de vista. Sin embargo, ya para 1916, los cambios climáticos que ha sufrido nuestro planeta habían hecho retroceder los hielos de este glaciar hasta cien kilómetros bahía adentro.GlaciarBay5

Glacier Bay Alaska

 

 

A medida que nos adentramos, los riscos de la bahía se perciben mas nevados y el barco comienza a abrirse paso entre témpanos de hielo que flotan por doquier.

 

El punto culminante de esta experiencia fue el disfrutar del Glaciar Muir, de 3 kilómetros de ancho y 80 metros de espesor. El constante crujir de sus paredes anticipaba cada estruendoso desprendimiento de grandes masas de hielo hacia las heladas aguas.

 

Tras un largo rato disfrutando de la espectacular vista, el crucero dio media vuelta para dirigirnos a nuestro siguiente destino, Ketchikan, al cual llegaríamos la mañana siguiente.

Glacier Bay Alaska
Glacier Bay Alaska
Glacier Bay Alaska

Previous Post: Remembering the Gold Rush in Skagway

Going to Alaska (VII): Crossing Glacier Bay


Captain George Vancouver was the first European that reported the existence of Glacier Bay, but he could not sail more than 100 kilometers inside of the bay, like our ship did. In 1794, when Vancouver’s expedition found the bay, its entrance was blocked by a huge wall of ice. But due to the climate change in our planet, this glacier had retreated 100 kilometers in 1916.


The cruise ship sailed inside of the bay between thousands of floating pieces of ice and snowy cliffs.


The best of this experience was to enjoy the Muir Glacier, 3 kilometers long and 80 meters high. The constant crunch of their wall preceded the braking and falling of enormous sections of ice into the freezing water.


After a while enjoying the beautiful scenery, the ship starts to move again to our next step, Ketchikan, where we were supossed to get the next morning.

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