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Garibaldi Lake

Definitivamente, todo lo que vale la pena en esta vida conlleva esfuerzo. Y es precisamente lo que viene a mi mente después de caminar casi cuatro horas hasta el Garibaldi lake. Cuando la espesura del bosque se aparta para dejar a la vista ese gran espejo turquesa el cansancio se olvida y uno se llena de esa sensación de misión cumplida que te hace regalarle al mundo tu mejor sonrisa.

El Garibaldi Provincial Park se encuentra 70 kilómetros al norte de Vancouver. Para llegar al parque se sigue la muy escénica Sea to Sky Highway, la misma vía que conduce a Whistler, la villa que junto a Vancouver fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 2010. Tras dejar el automóvil estacionado en la entrada del parque comienza el sendero que nos hará ascender 850 metros y que, tras unos nueve kilómetros, se engalana con la visión del Garibaldi Lake y los glaciares que aún en verano muestran su gélida cara a los aventureros.

Buena parte del sendero asciende en un zigzag que por momentos luce interminable, entre frondosos bosques de pinos, pequeños puentes de madera sobre riachuelos, repisas de roca que te permiten ver la inmensidad de las montañas y hasta un pequeño lago turquesa con peces saltarines, que es un abreboca de la gran masa de agua que nos espera más arriba.

El Garibaldi Lake, al igual que otros lagos glaciares, sorprende con ese color turquesa que se ve casi irreal, y en sus orillas simpáticas ardillas listadas y unos vistosos pájaros que hasta comen de la mano de los excursionistas nos dan la bienvenida.

A menos que uno se quede a acampar, después del almuerzo o merienda toca el retorno, que puede tomar entre dos y tres horas, depende de la forma en que uno se encuentre y de lo bien “engrasadas” que estén nuestras rodillas. Un analgésico no está de más si comienzas a sentir dolor hasta en músculos que ni sabías que tenías. Al final, la vista del estacionamiento sabe a gloria, así como el recuerdo de una vista inolvidable que nos invita a regresar.

Hiking to Garibaldi Lake

The very well known phrase “no pain no gain” comes into my mind after walking for almost four hours to Garibaldi Lake. When you finally see the big turquoise mirror you forget how tired you are, and a nice “mission accomplished” feeling makes you bring the world your best smile.

Garibaldi Provincial Park is located 70 km. north of Vancouver. To get there you need to take the scenic Sea to Sky Highway, the same route that you take to go to Whistler, the village where part of the Vancouver 2010 Winter Olympic Games took place. After parking the car, you must take the trail that will make you gain  an elevation of 820 meters and, after nine kilometers takes you to Garibaldi Lake and the glaciers that, even during summer, show their icy face to the adventurers.

A large part of the trails goes in zigzag. Some times it seems that it will never end. You will enjoy the view of nice forests, little wooden bridges over small creeks, cliffs where you can admire the majestic mountains, and even a small lake as an appetizer of the big one that is waiting for us a few kilometers away.

Garibaldi Lake, like other glacial lakes, surprise you with a deep turquoise blue that looks almost unreal. In the shore, chipmunks and funny birds that eat from the excursionists’ hands welcome us.

You can camp, or take your lunch, enjoy the place and then walk back between two and three hours, depends on how fit you and your knees are. A painkiller can be a good help if you start feeling pain. At the end the view of the parking lot feels great, and remembering the views of the trail and lake invites you to come back.

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A pesar de encontrarse entre dos de las más visitadas atracciones turísticas de Vancouver (Capilano Suspension Bridge y Grouse Mountain) la represa Cleveland es poco conocida por los turistas. Fue construida en 1954 en la parte alta del Parque Regional del Río Capilano y retiene las aguas del Lago del mismo nombre.

Se trata de un lugar de una extraordinaria belleza, con caminerías y areas de picnic. Además, la vista de las tranquilas aguas y las montañas circundantes hacen que este lugar  se encuentre entre una escapada perfecta de fin de semana para disfrutar de la naturaleza, y a tan sólo minutos de casa.

Cleveland Dam

Despite being between two of the most visited tourist attractions in Vancouver (Capilano Suspension Bridge and Grouse Mountain) Cleveland Dam is little known by tourists. It was built in 1954 in the upper Capilano River Regional Park and retains the waters of the Capilano Lake.

This is a place of extraordinary beauty, with walkways and picnic areas. The views of the tranquil waters and surrounding mountains make this place a perfect weekend getaway to enjoy nature, without leaving the city

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orca mural

A la hora prevista, el pequeño grupo salió a la luz del sol y se dirigió al puerto de embarque. Los pesados trajes rojos nos hacían lucir como astronautas dirigiéndonos a un potente cohete, pero no éramos más que un grupo de entusiastas turistas preparados para observar orcas en su hábitat. 

 

Esta aventura era una “asignatura pendiente” desde que visité Vancouver por primera vez y el brillante día de octubre lucía perfecto para tener un encuentro cercano con estos gigantes blanquinegros.

 

Tras abordar el bote inflable, el capitán y guía encendió los motores y plácidamente atravesamos la Bahía de Victoria, la capital de Columbia Británica. Entre cruceros, veleros e hidroaviones nos fuimos acercando a mar abierto. Entonces, al pasar una señalización y, como si un demonio se hubiera apoderado del bote, arrancamos a toda velocidad.

 

La embarcación empezó a volar entre cresta y cresta del agitado mar; a veces en línea recta, a veces con curvas tan cerradas que nos sentíamos como en una montaña rusa. Entre los splash-splash del agua estrellándose contra mi cara y los paff-paff de nuestros cuerpos rebotando en los asientos podía escuchar como, a través de la radio, el capitán recibía información acerca de la ubicación de las orcas.

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Finalmente, la lancha se detuvo en un área cercana a la costa. Una nubecita de vapor, a lo lejos, fue la primera señal. Una espigada aleta dorsal emergió del océano como para avisarnos que el viaje había valido la pena. Allí estaba, la primera orca que veía en su estado salvaje. El hermoso cetáceo pasó frente a nosotros sin prestarnos mucha atención.

 

Dos por aquí, tres por allá, una solitaria por este lado… Cerca de una hora estuvimos admirando el majestuoso paso de estas impresionantes criaturas, monarcas de los mares. Definitivamente, otra muestra de la maravillosa naturaleza que tenemos la responsabilidad de preservar. 

Orca1

 

The small group went out to the sun light. The heavy red suits made us look like astronauts going to a rocket, but we were just a few tourists ready to meet orcas in their  environment. This adventure had been a “to do” since the first time I visited Vancouver and this bright October day looked perfect to have a close encounter with these black and white giants.

 

After boarding the inflatable boat, the captain and guide turned on the engines and we started moving slowly through the bay where Victoria, British Columbia´s capital is located. Sailing between cruise ships, ferries and hydroplanes, we got closer to the open sea. Suddenly, after leaving behind a signal and, as if a demon had taken the control of the boat, we started moving very very fast.

 

The boat was jumping over the waves. Some sudden changes of direction made us feel like riding a roller coaster. Between the splash-splash of the water hitting my face and the paff-paff of our bodies bouncing on the seats I could hear how, by radio, the captain was receiving information about the orcas´ whereabouts.

 

Finally, the boat stopped near the coast. A small steam column was the first signal. A slender dorsal fin surfaced to let us know that the trip was worth. It was the first orca I ever saw in its habitat. The beautiful cetacean passed in front of our boat. Two here, three over there, a lonely one this way… We spent near one hour observing those majestic creatures. Definitely, another sample of the wonderful nature that we have the responsibility to preserve.

 

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Por los senderos de Bowen Island
Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.
Cruzando el charco
Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.
Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.
Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 
Alrededor del lago
Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, cuando íbamos a comprar el pino natural para navidad.
En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 
En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago… de antes de la construcción del dique.
Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.
Un buen chapuzón
Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.
Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.
El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 
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Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.

Cruzando el charco

Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.

Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.

Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 

Alrededor del lago

Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, al rito anual de la compra del pino canadiense para navidad.

En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 

En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago, de antes de la construcción del dique.

Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.

Un buen chapuzón

Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.

Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.

El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados, pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 

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Volver a la tercera fecha: Gran Bretaña

La cuarta y última noche del festival “Celebración de la Luz” 2009 le tocó el turno a China, equipo que a la postre resultaría el campeón de esta competencia anual, de acuerdo con el jurado. Por su parte, Gran Bretaña ganó la votación popular. 

Muchos comentarios a favor y en contra de la decisión del jurado, tal y como puede apreciarse en un interesante artículo del Vancouver Sun; pero, a fin de cuentas, un broche de oro para este festival que aporta 37 millones de dólares anuales a la ciudad, en el área del turismo.

Celebration of Light 2009. Fourth night

Back to the third night: Team UK

The fourth and last night of the “Celebration of Light” we could see the performance of team China. Later, the jury decided that this performance deserved to be the winner in the 2009 event. United Kingdom won the People’s Choice Award.

There are different opinions about the jury´s choice, as it can be seen in an interesting article published by the Vancouver Sun but, nevertheless, this performance was a grand finale for  this competition that contributes more than $37 million to the city´s tourism industry.

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atardecer

Entrada Previa: Ketchikan, la Capital Mundial del Salmón

 

En nuestro ultimo día en sus aguas, Alaska quiso brindarnos una espectacular puesta de sol. Pudimos disfrutar del brillante disco solar descendiendo hacia el horizonte y tiñendo cielo y mar con las mas variadas gamas de naranjas, rojos y amarillos.

 

Con una despedida así…. ¿a quién no le provoca regresar?

 

 

Previous Post: Ketchikan, The Salmon Capital of the World

 

Going to Alaska (IX): Sunset in Alaska

 

In our last day in its waters, Alaska gave us a beautiful sunset. We enjoyed the bright solar disc descending over the horizon and painting the sky and sea with orange, red and yellow.

 

With a farewell like that… Who does not want to come back?

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 La mañana siguiente a nuestra partida de Glacier Bay llegamos a Ketchikan, una ciudad más grande que Skagway pero también muy pintoresca. La zona contigua a los muelles es muy bonita, con interesantes tiendas, galerías y exhibiciones. Ketchikan se autoproclama “La Capital Mundial del Salmón,” y es que la industria pesquera fue la base sobre la que floreció la ciudad. Hoy en día es el turismo el motor que mueve la economía local.

 

Parte de la ciudad está construida sobre pilotes que emergen desde el mismo mar. Tal es el caso de Creek Street, que parece haber sido construida para inspirar a pintores y fotógrafos.

 

A pocos minutos de Ketchikan se encuentra la villa nativa de Saxman. En este lugar se puede visitar una excelente muestra de tótems elaborados por artesanos locales. Las estilizadas tallas representan motivos históricos, espirituales y hasta jocosos.

 

Muchas de las procesadoras de salmón que le dieron renombre a la ciudad cerraron sus puertas a mediados del siglo XX, cuando el gobierno, para preservar la ecología, impuso límites a los volúmenes de pesca permitidos. La antigua procesadora de Salmón de George Inlet funciona ahora con fines turísticos y, al visitar sus instalaciones, se puede aprender acerca de su historia y ver en funcionamiento las antiguas maquinarias.

 

Finalmente, un paseo en bote nos permitió visitar algunas caletas cercanas. Tuvimos la oportunidad de ver otra águila calva en su nido y disfrutamos del impresionante espectáculo de una ballena jorobada, que en su última inmersión alzó su cola como una gran mano que nos decía “hasta la vista.”

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Going to Alaska (VIII): Ketchikan, The Salmon Capital of the World

 

The day after our visit to Glacier Bay we arrived to Ketchikan. This city is bigger than Skagway, but it is also picturesque. The zone near the piers is very nice; with interesting stores, galleries and exhibitions. The people from Ketchikan call their city “The Salmon Capital of the World” because the fishing industry was the base for the city’s growing during the early 1900’s. Nowadays, tourism is the motor that impulse the local economy. Part of the city is builded over the sea, on wooden platforms. That is the case of Creek Street, a beautiful and inspiring place for painters and photographers.

 

Very close to Ketchikan it is located the Saxman Native Village. In this place it is possible to visit an amazing exhibition of totem poles, carved by local artisans. The slender carvings represent historic, spiritual and even funny subjects.

 

Many salmon canneries closed their doors after the government limited the allowed fishing volumes to preserve the species. The old George Inlet Cannery is now a touristic attraction and when visiting its facilities, the traveller can learn about the company’s history and see the machinery working.

 

Finally, we took a boat trip to some coves nearby. In the woods we could see a bold eagle in its nest and we enjoyed the amazing spectacle of a hunchback whale that, in it last immersion raised its tale like a big hand waving and telling us “hasta la vista.” 

 

 

 

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