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Pudiera pensarse que fotografiar parques en Vancouver, en pleno octubre, iba a ser una tarea signada por la lluvia, un cielo muy gris e imágenes bucólicas en las que los colores característicos de la estación brindarían un poco de calidez a las imágenes, ya que el sol, en esta época, brilla por su ausencia.

One could think that taking photographs in Vancouver, in October, would result in a bunch of rainy and cloudy images. In this time of the year, the sun rays are weak and, only the colors of the leaves bring us some sense of warming.

parque_otonalparque_Alfombra amarillaparque_Experimento

Sin embargo, este año, los despejados y brillantes días del verano se extendieron hasta bien entrada la siguiente estación. Por eso, a pesar de estar en pleno otoño, los vancouveritas disfrutaron esta “ñapa” y salieron a ejercitar el cuerpo y alimentar el alma en contacto con la naturaleza. Una buena provisión para hacer frente a los fríos y lluviosos días por venir.

Nevertheless, this year, the bright and clear Summer days stayed here longer than usual. The Vancouverites enjoyed that unexpected gift and went out to exercise the body and feed the soul in contact with nature; very necessary to face the cold and rainy days to come.

parque_Bici en parejaparque_bicininosparque_Bici colinaparque_Sombra rojaparque_amigasparque_Estanque

Con estas fotos, Vivancouver participa en el tema de octubre del grupo fotográfico “La Vuelta al Mundo“, en Flickr, al que pueden visitar para disfrutar gran cantidad de hermosas fotos de parques publicadas por los participantes a lo largo del mes.

With these photos, Vivancouver participates in the October theme of the photographic group in FlickrLa Vuelta al Mundo” (Around the World). You can visit the group and enjoy a lot of beautiful images about parks, published by the group´s members during this month.

Orca Safari

orca mural

A la hora prevista, el pequeño grupo salió a la luz del sol y se dirigió al puerto de embarque. Los pesados trajes rojos nos hacían lucir como astronautas dirigiéndonos a un potente cohete, pero no éramos más que un grupo de entusiastas turistas preparados para observar orcas en su hábitat. 

 

Esta aventura era una “asignatura pendiente” desde que visité Vancouver por primera vez y el brillante día de octubre lucía perfecto para tener un encuentro cercano con estos gigantes blanquinegros.

 

Tras abordar el bote inflable, el capitán y guía encendió los motores y plácidamente atravesamos la Bahía de Victoria, la capital de Columbia Británica. Entre cruceros, veleros e hidroaviones nos fuimos acercando a mar abierto. Entonces, al pasar una señalización y, como si un demonio se hubiera apoderado del bote, arrancamos a toda velocidad.

 

La embarcación empezó a volar entre cresta y cresta del agitado mar; a veces en línea recta, a veces con curvas tan cerradas que nos sentíamos como en una montaña rusa. Entre los splash-splash del agua estrellándose contra mi cara y los paff-paff de nuestros cuerpos rebotando en los asientos podía escuchar como, a través de la radio, el capitán recibía información acerca de la ubicación de las orcas.

Orca3

Finalmente, la lancha se detuvo en un área cercana a la costa. Una nubecita de vapor, a lo lejos, fue la primera señal. Una espigada aleta dorsal emergió del océano como para avisarnos que el viaje había valido la pena. Allí estaba, la primera orca que veía en su estado salvaje. El hermoso cetáceo pasó frente a nosotros sin prestarnos mucha atención.

 

Dos por aquí, tres por allá, una solitaria por este lado… Cerca de una hora estuvimos admirando el majestuoso paso de estas impresionantes criaturas, monarcas de los mares. Definitivamente, otra muestra de la maravillosa naturaleza que tenemos la responsabilidad de preservar. 

Orca1

 

The small group went out to the sun light. The heavy red suits made us look like astronauts going to a rocket, but we were just a few tourists ready to meet orcas in their  environment. This adventure had been a “to do” since the first time I visited Vancouver and this bright October day looked perfect to have a close encounter with these black and white giants.

 

After boarding the inflatable boat, the captain and guide turned on the engines and we started moving slowly through the bay where Victoria, British Columbia´s capital is located. Sailing between cruise ships, ferries and hydroplanes, we got closer to the open sea. Suddenly, after leaving behind a signal and, as if a demon had taken the control of the boat, we started moving very very fast.

 

The boat was jumping over the waves. Some sudden changes of direction made us feel like riding a roller coaster. Between the splash-splash of the water hitting my face and the paff-paff of our bodies bouncing on the seats I could hear how, by radio, the captain was receiving information about the orcas´ whereabouts.

 

Finally, the boat stopped near the coast. A small steam column was the first signal. A slender dorsal fin surfaced to let us know that the trip was worth. It was the first orca I ever saw in its habitat. The beautiful cetacean passed in front of our boat. Two here, three over there, a lonely one this way… We spent near one hour observing those majestic creatures. Definitely, another sample of the wonderful nature that we have the responsibility to preserve.

 

Tesoros en Vancouver

La tarea de este mes en el grupo de fotografía en Flickr “La Vuelta al Mundo” consistía en una especie de rally. De una lista de 15 elementos se debían fotografiar al menos 12. La idea era la de encontrar los tesoros ocultos de la ciudad, pues ya sea que vivamos en Caracas, Barcelona, Maputo o Vancouver, siempre habrán rincones por descubrir e historias que contar. Sin más que agregar, los tesoros ocultos de Vancouver.

 

Treasures in Vancouver


Vivancouver participates in the Flickr photography group La Vuelta al Mundo (Around the World). This month our job was to find at least 15 elements from a list of 15. These “treasures” should be in the same city. The idea was to demonstrate that one can live in Caracas, Barcelona, Maputo or Vancouver, and there will be always places to be discovered or stories to be told. Next, the treasures found in Vancouver.

 

Bicicletas en Jericho Beach / Bicycles in Jericho Beach

Bicicletas en Jericho Beach / Bicycles in Jericho Beach


Menú / Menu (Waterfront Station)

Menú / Menu (Waterfront Station)


Una embarcación / A ship

Una embarcación / A ship


Escaleras en Lonsdale Quay / Stairs in Lonsdale Quay

Escaleras en Lonsdale Quay / Stairs in Lonsdale Quay


Estanque en el Barrio Chino / Pond in Chinatown

Estanque en el Barrio Chino / Pond in Chinatown


Farol en el Barrio Chino / Lamp in Chinatown

Farol en el Barrio Chino / Lamp in Chinatown


Kiosko en Waterfront Station / Newsstand in Waterfront Station

Kiosko en Waterfront Station / Newsstand in Waterfront Station


Cafés en la Biblioteca Pública / Coffee shops in the Public Library

Cafés en la Biblioteca Pública / Coffee shops in the Public Library


Mapaches en la Laguna Perdida / Raccoons in the Lost Lagoon

Mapaches en la Laguna Perdida / Raccoons in the Lost Lagoon


Mosaico en el suelo de Lonsdale Quay / Mosaic in Lonsdale Quay´s floor

Mosaico en el suelo de Lonsdale Quay / Mosaic in Lonsdale Quay´s floor


Abrazo en la estación / Big hug in the station

Abrazo en la estación / Big hug in the station


Yoga en rojo / Red yoga (Coal Harbour)

Yoga en rojo / Red yoga (Coal Harbour)

Fin de semana salvaje

¿Quién dijo que para estar en contacto con la fauna silvestre hay que ir a las Montañas Rocosas, la Selva Amazónica o la Sabana Africana? Como dice el dicho, donde menos se espera salta la liebre, o cualquier otro animalejo raro, según y donde uno se encuentre. A continuación les comentaré acerca de dos encuentros cercanos del tercer tipo con criaturas de cuatro patas que sucedieron con tan solo unos días de diferencia.

 GansosCollage

La pandilla enmascarada

 

El primer caso ocurrió en la Laguna Perdida, en Stanley Park. Estábamos tranquilamente disfrutando del espectáculo alado de patos, grullas, gansos y hasta cisnes que habitan la laguna cuando se nos ocurrió sacar del morral una bolsa de papitas fritas. Tan sólo el sonido de la bolsa al abrirla parece haber actuado como la campanita en el cerebro del famoso perro de Pavlov. Las aves, especialmente los gansos, dejaron de ser apacibles para convertirse en ávidos comensales clamando por el exquisito manjar que, supongo, representa para ellos cada hojuela de papa frita. Los ¡¡¡ CUAC !!! eran cada vez más cercanos y el volúmen mayor. Cuando el ganso mayor procedía a acercarse a nosotros para secundar a los que ya casi nos rodeaban decidimos poner pies en polvorosa antes de ser atacados por aves enfurecidas, como en la famosa película de Alfred Hitchcock.

 

Decidimos tomar un sendero para continuar con nuestro paseo cuando de repente una papita cayó al suelo. Inmediatamente, y sin darnos tiempo de reaccionar, un peludo y rechoncho enmascarado apareció en escena y tomó el pedazo de chuchería con sus finas manitas. se trataba de un mapache que ni corto ni perezoso volvió a esconderse entre los matorrales. Yo no pensaba perder la oportunidad de tomarle una foto, así que tomé otra papita y empecé a llamarlo…. Pppsss, pppsss, mapachitoooo, toma otra papitaaaa…. Y entonces, como en una operación comando, desde diversos arbustos, nos salieron al paso hasta seis mapaches juntos, clamando por su papa.

 

Se veían de lo más cuchi hasta que uno de ellos como que se adelantó y el de al lado comenzó a mostrarle los dientes y a hacer un intimidante sonido. Nuevamente decidimos que si no queríamos tener a toda aquella pandilla brincando sobre nosotros por las papitas, lo mejor era tomarles unas fotitos y decirles chauuuu.

 

De esta experiencia aprendimos que, para salir ilesos de un paseo por el bosque, hay que dejar las papitas fritas en casa…. y si en algo he exagerado… que me caiga un libro de la biblioteca en la cabeza….. ¡¡¡Ouch!!!!

 MapachesCollage

La mala suerte del gato negro

 

El segundo caso a contarles hoy ocurrió en el Queen Elizabeth Park. Estábamos paseando por unos senderos y en un momento dado me quedé solo. De repente, a unos cuantos pasos de mí, una sombra gris emergió de entre los arbustos. Con su gran cola erguida y una presa en sus fauces el gran coyote pasó junto a mí como una exhalación. Después del shock inicial me apuré en buscar la camarita que parecía haberse escondido en su estuche. Mientras el cazador posaba su presa (un gran gato negro) en el suelo me miró a los ojos como diciéndome “no me sigas”, tomó nuevamente con sus afilados colmillos al infortunado e inerme felino y tranquilamente se perdió entre los arbustos, rumbo al bosquecillo cercano. 

 

Me acerqué a donde los ví por última vez, pero por más que intenté, no volví a verlos. ¿Quién sabe? quizás el coyote me observaba sigiloso desde su madriguera. Una vez más, mejor dejar todo como está y dejar tranquila a la sabia naturaleza y su eterna lucha por la supervivencia.

 CoyoteCollage

Parece mentira que estas dos historias hayan sucedido en lugares tan céntricos… pero… ¿hay algo imposible de esperar en una ciudad en donde he sido cacheteado por un cuervo, un oso se metió al patio de unos amigos o una foca jaló a una niña de cinco años al mar, afortunadamente sin consecuencias? Todo es posible en esta ciudad, rodeada por la naturaleza indómita.

 

 

Wild Weekend

 

Who said that to be in contact with wild animals you need to be in the Rocky Mountains, the Amazon rainforest or the African savanna? In the next lines I will tell you about the last encounters I have had lately with some feathered and furry guys.

 

The Masked Gang

 

The other day, we were in the Lost Lagoon, in Stanley Park, enjoying the beautiful spectacle of ducks, cranes, geese and even swans who live there. Everything was OK until we opened a chips bag. It looks like the sound of the bag acted on them as the bell in the famous Pavlov´s dog. The birds stopped being peaceful and nice animals and started to honk and quack louder and louder. He wanted us to share our chips with them, so we decided to continue walking before being attacked by angry birds, like in the Alfred Hitchcock´s famous movie.

 

We continued walking through the trail when a fell to the path. Immediately, a small and furry masked guy broke into the scene and took the small piece of chip with his little hands. It was a raccoon and, quickly, he got back to the bushes. But I was decided to take him a photograph and started making sounds with the bag and calling him… psss, pss, ey little friend… come back…. And then, like a commando  unit, six little raccoons came to us asking for our chips.

 

The looked cute until one of them started making a not so nice sound and showing his teeth to the others. We knew we are not supposed to give them any food and we decided to keep on walking far from them, before they started jumping over us looking for a salty booty. So, click click and bye bye.

 

That day, we learned that, to survive in the wilderness is better to leave the potato chips at home… and if I have been exaggerated, may a book from the shelves fall over my head… ¡¡¡Ouch!!!!

 

The bad luck of the black cat

 

The second case happened in the Queen Elizabeth Park. I was walking through another trail when, suddenly, very close to me, a gray shadow emerged from the bushes. With a prey between his jaws the big coyote passed just in front of me. After the initial shock, I could find my little camera in its case. The hunter placed  a poor black cat on the earth and stared to me like saying “do not follow me.” Then, he took again the dead feline and disappeared in the small forest.

 

I tried to find them again, but it was impossible. Maybe the coyote was looking at me from a burrow, so again I decided to leave Mother Nature alone.

 

It is curious how this stories can happen in the middle of Vancouver, but it is not impossible here, where I have been slapped by a crow, a black bear entered into a friend´s backyard and a seal pulled a five years old girl into the sea. Everything is possible in a city like this, sorrounded by Nature.

Afortunadamente todavía el sol abraza a la ciudad de Vancouver con su luz y calor, sin embargo, los signos son inequívocos: los días son más cortos cada vez y por más brillante que esté el día, el calor no llega a los niveles de un mes atrás.

El cambio de estación parece ya irreversible y dentro de poco estaremos empacando las sombrillas y desempolvando los paraguas… hasta el próximo año.

Si quieren ver una excelente muestra fotográfica de sombrillas y paraguas pueden visitar el grupo en Flickr La Vuelta al Mundo.

sombrilla1sombrillaamarillasombrillas coloresnovia_playa

 

tiendacaja paraguas

bowenisland1

Por los senderos de Bowen Island
Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.
Cruzando el charco
Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.
Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.
Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 
Alrededor del lago
Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, cuando íbamos a comprar el pino natural para navidad.
En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 
En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago… de antes de la construcción del dique.
Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.
Un buen chapuzón
Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.
Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.
El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 
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Una de las ventajas que te da el haber pasado ya cierto tiempo en un sitio es que empiezas a conocer de actividades y lugares más allá de lo promocionado en las guías turísticas. Una visita a Bowen Island es un perfecto paseo dominguero cargado con las apropiadas dosis de placer, deporte y aventura.

Cruzando el charco

Para ir a la isla, el primer paso fue llegar a la pintoresca localidad de Horseshoe Bay, al oeste de West Vancouver. A pesar de lo relativamente lejos se le puede llegar fácilmente usando el transporte público regular. Una vez allí, procedimos a comprar nuestro ticket para abordar uno de los ferries. El pasaje cuesta cerca de nueve dólares (por persona, sin carro) y es válido para el regreso.

Tras quince minutos de un plácido viaje, y disfrutando del calorcito veraniego, llegamos a Snug Cove, en Bowen Island. La zona contigua al terminal del ferry cuenta con una pequeña marina, varias tiendas y pequeños “restaurancitos.” Lo acogedor del lugar no fue suficiente para hacernos cambiar de planes, así que que nos pusimos en marcha.

Al tomar la primera calle a la derecha cruzamos por una pequeña represa  poblada de patos, gansos y hasta un cisne, Dejando atrás la costa, el camino nos condujo entre cabañas y pinos hasta la entrada del sendero. A partir de allí, avanzaríamos en contacto absoluto con la naturaleza. 

Alrededor del lago

Tras un corto trecho, nos encontramos de frente con Killarney Lake, un hermoso espejo líquido rodeado de pinos. Tomamos el sendero de la derecha y comenzamos nuestro recorrido alrededor del lago. Subidas y bajadas, puentecitos de madera y pinos, pinos y más pinos. El aroma me transportaba a mi niñez, al rito anual de la compra del pino canadiense para navidad.

En cierto punto del camino, el sendero desciende al nivel del lago y sale del bosque. Cambiamos el camino de tierra por una plataforma de madera que nos permite pasar sobre las aguas en un terreno pantanoso. 

En esta área, la vegetación predominante son arbustos y juncos que surgen del pantano. Hay una especie de cementerio de árboles, una serie de troncos que se yerguen desde las aguas, recuerdo de cuando el lago no era un lago, de antes de la construcción del dique.

Más allá, una alfombra vegetal cubre parte de las aguas. Estar allí era como ver en vivo alguno de las famosas pinturas de nenúfares creadas por Monet.

Un buen chapuzón

Cuando ya casi habíamos rodeado el lago, una playita se abre generosa ante nosotros. Como la mayoría de las personas que llegaban, también nos dimos nuestro chapuzón en las frescas aguas. Disfrutamos de unos suculentos “sandwiches” y del gracioso espectáculo de un pato fastidiando a un estoico perro labrador.

Con una simpática señora hablamos largo y tendido. Vive cerca del lago y frecuentemente se baña en él. De paso, nos recomendó verificar si no teníamos alguna sanguijuela pegada al cuerpo… ¿sanguijuelas?… Pues sí… parece que abundan en el lugar. Afortunadamente, ningún bicho raro a la vista.

El sol y la temperatura comenzaban a bajar. Renovados por el baño y los alimentos emprendimos nuevamente el camino. El bosque y posteriormente la carretera guiaron nuestro recorrido de regreso a la costa. Cansados, pero satisfechos del paseo navegamos nuevamente rumbo a casa. 

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Volver a la tercera fecha: Gran Bretaña

La cuarta y última noche del festival “Celebración de la Luz” 2009 le tocó el turno a China, equipo que a la postre resultaría el campeón de esta competencia anual, de acuerdo con el jurado. Por su parte, Gran Bretaña ganó la votación popular. 

Muchos comentarios a favor y en contra de la decisión del jurado, tal y como puede apreciarse en un interesante artículo del Vancouver Sun; pero, a fin de cuentas, un broche de oro para este festival que aporta 37 millones de dólares anuales a la ciudad, en el área del turismo.

Celebration of Light 2009. Fourth night

Back to the third night: Team UK

The fourth and last night of the “Celebration of Light” we could see the performance of team China. Later, the jury decided that this performance deserved to be the winner in the 2009 event. United Kingdom won the People’s Choice Award.

There are different opinions about the jury´s choice, as it can be seen in an interesting article published by the Vancouver Sun but, nevertheless, this performance was a grand finale for  this competition that contributes more than $37 million to the city´s tourism industry.

Volver a la segunda fecha: Sur África

En la tercera noche del festival “Celebración de la Luz” 2009 le tocó el turno a Gran Bretaña. Disfruten parte de su presentación.

Siguiente fecha: China

Celebration of Light 2009. Third night

Back to the second night: Team South Africa 

The third night, the UK brought an incredible perfprmance. Ejoy part of it.

Next: Team China

5 razones por las que me gusta el verano
Cuando se vive en un país tropical se puede disfrutar durante todo el año de un clima equivalente a la “temporada primavera verano” de por estos lados. ¿A quién se le ocurre ver el estado del tiempo? ¿Qué importa? Siempre es más o menos igual… y si llueve, nos mojamos y ya.
Pero el haber pasado un largo período invernal me ha dado otra perspectiva y me ha hecho reflexionar acerca del verano que ahora disfrutamos.
5 razones por las que me gusta el verano
Los días son largos y brillantes: Esto de los días hasta casi las 10:00 pm te da tiempo extra para todo, sobre todo durante los fines de semana. Además, la energía solar parece darte la energía necesaria para aprovechar al máximo estos largos días. Lo único malo es el sol colándose hasta la almohada antes de las 5:00 am.
Las calles se llenan de vida: Al contrario que en invierno, las calles están llenas de gente de todas las edades, locales y turistas. Todo el mundo disfruta toda clase de actividades al aire libre, festivales como “Bard on the Beach” o “Celebration of Light”, ferias como la PNE y hasta las bodas, que se hacen en parques y playas.
Es tiempo de practicar deportes: Si en invierno parece que los deportes están limitados a los jóvenes y aquellos que están en muy buena forma, en verano todo el mundo encuentra la actividad deportiva adecuada a su gusto y estado físico.
Azul por doquier: Durante buena parte de año el cielo suele estar nublado y el mar adopta un tono grisáceo. En verano los cielos despejados son finalmente azules y el color del mar asemeja al de los trópicos (conste que hablo del color… no de la temperatura ¿eh?). Esta es la época para disfrutar de un buen día de playa.
Mandar de vacaciones para el closet a chaquetas, guantes y demás artículos del ajuar de invierno… no tiene precio.
Finalmente, pueden disfrutar de muchas más fotos relacionadas con el verano en el grupo La Vuelta al Mundo, en Flickr.

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Cuando se vive en un país tropical se puede disfrutar durante todo el año de un clima equivalente a la “temporada primavera verano” de por estos lados. ¿A quién se le ocurre ver el estado del tiempo? ¿Qué importa? Siempre es más o menos igual… y si llueve, nos mojamos y ya.

Pero el haber pasado un largo período invernal me ha dado otra perspectiva y me ha hecho reflexionar acerca del verano que ahora disfrutamos. Por ello he preparado esta nota acerca de 5 razones por las que me gusta el verano.

  1. Los días son largos y brillantes: Esto de los días hasta casi las 10:00 pm te da tiempo extra para todo, sobre todo durante los fines de semana. Además, la energía solar parece darte la energía necesaria para aprovechar al máximo estos largos días. Lo único malo es el sol colándose hasta la almohada antes de las 5:00 am.
  2. Las calles se llenan de vida: Al contrario que en invierno, las calles están llenas de gente de todas las edades, locales y turistas. Todo el mundo disfruta las más diversas actividades al aire libre, festivales como “Bard on the Beach” o “Celebration of Light”, ferias como la PNE y hasta las bodas, que se hacen en parques y playas.
  3. Es tiempo de practicar deportes: Si en invierno parece que los deportes están limitados a los jóvenes y aquellos que están en muy buena forma, en verano todo el mundo encuentra la actividad deportiva adecuada a su gusto y estado físico.
  4. Azul por doquier: Durante buena parte de año el cielo suele estar nublado y el mar adopta un tono grisáceo. En verano los cielos despejados son finalmente azules y el color del mar asemeja al de los trópicos (conste que hablo del color… no de la temperatura ¿eh?). Esta es la época para disfrutar de un buen día de playa.
  5. Mandar de vacaciones para el closet a chaquetas, guantes y demás artículos del ajuar de invierno… no tiene precio.

Finalmente, pueden disfrutar de muchas más fotos relacionadas con el verano en el grupo La Vuelta al Mundo, en Flickr.

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La joven ballena que tranquilamente nadaba en algún lugar entre Alaska y Canadá no se imaginaba lo que el destino le tenía preparado. Al parecer murió atropellada por un crucero que navegaba hacia el sur. Lo extraño del caso es que la tripulación no se enteró del accidente, ni del cuerpo del cetáceo que llevaban incrustado en la proa, sino hasta que estaban aproximándose al puerto de Vancouver. Equipos especializados se encargaron de remover el cuerpo de 70 toneladas y llevarlo hasta las instalaciones donde le harían la necropsia de ley (y esto no es chiste), aunque la causa de la muerte parece ser obvia.

Finalizada la necropsia, el cuerpo será devuelto al océano, al oeste de Vancouver Island, donde descenderá hasta el fondo y pasará a formar parte del ecosistema del lugar.

The strange case of the whale knocked down by the cruise ship

The young whale was swimming somewhere between Alaska and Canada without any idea of what was going to happen. It looks like a cruise ship sailing to south knocked the cetacean down. Nobody in the ship noticed the accident or the big body that they were dragging in the bow until they were very close to the Vancouver port.

Specialized teams removed the 70 tons body and took it to the facilities where the required necropsy would be done. Later, the big dead whale would be taken to the west coast of Vancouver Island and let it go down, to the bottom of the sea, where it will become part of the ecosystem.

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